La comedia en la belleza; lo ridículo, tal vez

Publicado en Cultura el lunes 3, septiembre, 2018

Por Marisol Fausto

 Es increíble cómo tenemos que darnos un tiempo máximo de horas para considerar el estar presentables para ese encuentro ocasional, o para nuestro andar diario.

  • Perfectamente saben a qué me refiero y no, no necesito especificar.

Siempre he considerado que el arreglo personal es un ritual de amor propio y que la mayoría de las personas no entiende al cien por ciento, o no nada en sí.

No sé si estén enterados, pero el hecho de estar bajo la ducha implica la previa depilación, la exfoliación, el uso especial de jabón para que nuestra piel esté suave y tersa al tacto, más los usos especiales de shampoo para obtener un cabello manejable, para que, a la hora de la hora, la caricia no se atoré entre los nudos o frizz del cabello y se acabe el encanto.

A este inicio de ritual, se suma el uso de cremas para el cuerpo, la mascarilla hidratante para el rostro más el producto que hará que nuestros labios se vean lo más cercano a lo kardashian.

Continuando a esta preparación, está el toque delicado del perfume, el maquillaje y el peinado, el uso de zapatillas, pero entre todo esto, está la vestimenta y me refiero también al uso de la corsetería.

  • Permítanme decirles, que me he saltado otros tantos detalles que van aunados al proceso de nuestro ritual de amor personal.

Hasta este punto, pareciera ser un tema absolutamente ridículo e hilarante, pero hasta este punto podemos estar hablando de una forma libre, tanto literaria como dramática, de la contextualización de la belleza.

Hace unos cuantos días, en la búsqueda de entretenimiento, acudí a un evento – por decir o no cultural- denominado Manifiesto de nuestros cuerpos, en el cual, entre la pericia que implica el Teatro Burlesque, la manifestación del toque erótico se aprecia precisamente en el ritual de la mujer para lucir en todo su esplendor.

No importando cuerpos “perfectos” o idóneos en atractivo, todas y cada una de las chicas que brindan el show fueron objeto de atención del público espectador, que intentaron o comprendieron la seriedad y el respeto que las mujeres nos damos a nosotras mismas y que entre toque cómico ridiculizamos los estereotipos instaurados por la sociedad.

Y en esta ridiculización, me di a la tarea de investigar qué tanto somos consumistas de productos de belleza en el país y conocí que el gasto de una persona en promedio en cuidado de la belleza es de 3,580 pesos al año, lo cual coloca a México entre los 10 países más baratos para ser bello, dado que en nuestro país se cuenta los servicios de belleza más baratos, según datos de la compañía de comercio electrónico Linio.

Esto me lleva a darme cuenta que vivimos en un mundo obsesionado por la belleza, donde el aspecto físico tiene un papel determinante a la hora de conseguir un trabajo o un aumento salarial.

No es de extrañar, por tanto, que la industria de la belleza esté al alza y que cada día descubra nuevos nichos de mercado hasta ahora poco explotados, como el hombre, quien empieza a darse cuenta que la belleza es un lujo necesario, ya que esta cualidad aumenta las posibilidades de ser percibidos como competente en el ambiente laboral.

Y esta es la triste historia de varias personas, entre ellas la de su servidora, en el que visualizo que las capacidades y la inteligencia ya no son valores en la competencia laboral, sino la belleza.

Lo cual, me hace entender aquellos versos del poema de Charles Baudelaire, Himno a la belleza, que dice:

 

¿Vienes del cielo profundo o surges del abismo,

Oh, Belleza? Tu mirada infernal y divina,

Vuelca confusamente el beneficio y el crimen,

Y se puede, por eso, compararte con el vino.

 

(…)

 

¿Surges tú del abismo negro o desciendes de los astros?

El Destino encantado sigue tus faldas como un perro;

Tú siembras al azar la alegría y los desastres,

Y gobiernas todo y no respondes de nada.