A propósito de futbol y danza escénica.

Publicado en Cultura el martes 15, mayo, 2018

Rocio del Carmen Luna Urdaibay/ÁGORA DEBATE.

En una sociedad que poco o nada admite el contacto corporal y la proxemia estrecha como una expresión de afecto no sexual, especialmente entre varones; el futbol se convierte en uno de los muy pocos espacios, si no es que el único, para manifestar y vivir los afectos libremente. Es decir, como actos preponderantemente emocionales y corporales.

En el futbol los compadres se abrazan, se besan, se desnudan, se rolan la chela. Y lo hacen sin empacho porque los jugadores, públicamente, se nalguean, se aplastan, bailan en pareja, se sacan los zapatos, los calzones y las camisetas.

Me regreso… dije afectos no sexuales, pero quiero acotar un poco esta idea: Afectos, tal vez no sexuales, pero que se expresan en un cuerpo que se asume sexuado. El aficionado se maquilla, se pone peluca, gorro, colores…y danza… Lo hace, como el polinesio se atavía para su danza guerrea, o como lo hacen las aves para conseguir pareja. Y los aficionados se toman los genitales, se orinan en el contrario, se escupen y manotean. Y los jugadores se montan unos sobre otros, y se empiernan.

El futbol es un acto escénico de imporvisación estructurada del que mucho tienen que aprender las artes escénicas. Como ningún otro, tiene la capacidad de convocar y de mover poblaciones enteras. Pasiones, empatías, identidad…una catarsis social extrema.

Y ante todo esto, como bailarina yo me pregunto: ¿será que el fut bol nos da más danza que la que ofertan los teatros como danza escénica?, ¿Será que estamos cansados de mirar cuerpos liberados y requerimos espacios de ejercicio libertario del cuerpo?, ¿Será que nuestra sociedad ahora requiere más danza que se haga y menos danza que se vea?

Me pongo a pensar a propósito del teatro posdramático que mandó el conflicto al público para hacerle participara como creador de la experiencia; y a propósito de Silvia Citro que dice “el movimiento se vive sólo haciendo” ¿Qué diantres nos empeñamos con hacer de la danza un cine en que se acomodan las butacas y sólo se observa?, ¿Dónde están los olores?, ¿Dónde la proxemia?, ¿Dónde la cinestesia?

Y es que desde esta perspectiva me resulta muy lógico un teatro vacío y un país que se detiene para celebrar la fiesta futbolera.

Antes de que los artistas nos pongamos a criticar al futbol, habría que detenernos a reconocer sus logros y sus méritos. Habría que tomar de él lo que tiene por enseñarnos sobre gozos libres del cuerpo en espacios de convivencia.[1]

La danza contemporánea se ha construido como una cultura, fomenta saberes corporales de gran poder, que son un enorme regalo para nuestro vivir cotidiano. Germina entre la relación de la sensualidad y la escucha; en el tejido de la imaginación y la memoria que invita al contacto, al cuidado, al amor, al emputamiento por la vida. La danza mueve y no solo cuerpos, mueve conciencias, mueve afectos, ideas.

Si no danzara probablemente necesitaría ir a los conciertos, o al futbol, o a la charrería, porque supongo que por algún lado tiene que salir este gozo, este enojo; sino revienta… Pero con la danza sale gozoso y de gota a gota, a veces como avalancha, y si me vacía es para que vuelva a haber espacio para llenarme de sensualidad, de soberbia, de vida.

Tengo ganas de danzarte, tengo ganas de ser sensuales todos, tengo rabia por un mundo más abierto, más dispuesto, más amante, abrazador y apasionado. La danza es un gran regalo que no puede envidiosamente quedarse entre los bailarines, abrámonos a compartir la experiencia…