De deseos, viajes y danza.

Publicado en Cultura el miércoles 27, septiembre, 2017

 

Natalia Reza/ÁGORA CULTURA.

Fotografía: Eric Sánchez.

 

Tengo esta idea sostenida de que nunca hago lo suficiente, siempre creo que debería estar haciendo más. Que la musa me encuentre trabajando.

Me fue mucho mejor porque me encontró no sólo trabajando, sino en medio de una crisis laboral intensa, que estaba trastocando prácticamente todas las dimensiones de mi ser. Decido inscribirme en una Maestría en Desarrollo Humano, iniciar un proyecto de danza con mis amigos: Los Locos del Planetario, participar en Polos Audiovisuales Michoacán en donde co-creo un corto documental, iniciar una columna de danza, participar en el Diplomado Interacciones Cuerpos en Dialogo que me desplazaría no sólo geográfica, sino emocional y creativamente también, y co-crear/dirigir un Festival de Interconexiones Humanas, un ejercicio de intervención urbana en colectividad en Coinversión con el Sistema Estatal de Creadores de Arte; esto a la par de ser madre de un maravilloso niño de ocho años, pareja de un fotoperiodista, humana de tres perros y varios colibrís y miembro activo de un círculo de mujeres en sororidad.

Quiero hacer algo diferente con mi danza, estoy segura de ello. Pero no tengo ni idea de por dónde empezar. He tenido el impulso de dejar de bailar, pero no porque quiera alejarme de la danza, sino porque creo que la danza se ha banalizado tanto que de pronto no entiendo qué estoy haciendo, estoy simplemente siendo parte del sistema, ¿y quién no? dice mi tío Ernesto.

Al mismo tiempo que trataba de develar hacia dónde debía ir, hacia donde debía encaminar mis esfuerzos, trataba de comprender el comportamiento humano, los mecanismos socio-culturales a los que estamos acostumbrados y que pocas veces cuestionamos aunque nos lastimen tanto.

¿Qué no se supone que los artistas somos sensibles y cultos? ¿qué no se supone que el arte nos hace más humanos? Tengo decenas de preguntas dándome vueltas en la cabeza. Y a pesar de que Saramago una vez me dijo “ni tu puedes hacerme todas las preguntas, ni yo puedo darte todas las respuestas”, éstas comenzaron a llegar.

Mis inquietudes/deseos para generar mi nueva danza tenían que ver entonces y tienen que ver ahora con lo que para mí es ser humano hoy. Creo que somos indefinibles, inconfesables (porque somos monstruos heridos cargados de culpas ancestrales, culpas que ni siquiera llegamos a comprender o visualizar claramente, herencias codificadas en nuestro ADN, inalcanzables para nuestras capacidades cognitivas), somos seres impermanentes, mutables, imperfectos, relativos, mediados por perspectivas, interpretaciones, traducciones, construcciones y re-construcciones, percepciones, lenguajes, conocimientos, subjetividades, relaciones, afectos. Somos seres multidimensionales debatiéndonos entre: Especialización y Transdisciplina, Intelecto y Emociones, Creatividad y Técnica, Colectividad e Individualismo, Producto y Experiencia.

Estamos quizás buscando la verdad en la no verdad, en un cambio irrefrenable de paradigmas, filosofando sobre pantanos, sobre arenas movedizas, nos hundiremos al final, demoliendo el yo que fuimos hace un minuto, abrazándonos al pensamiento aplastante e inmovilizador, preguntándonos ¿soy la mesa del mundo perceptual o la del molecular?

Y en esta búsqueda nos hemos dado cuenta –no todos evidentemente- de que necesitamos del otro para leernos, para intentar comprendernos. Y que el tono a través del cual nos relacionemos y estudiemos será fundamental para obtener respuestas que se acerquen a la verdad en la no verdad. Ahí entra la experiencia sensible y humana, y en ella, el juego. En el juego re-encuentro mi poética, gracias a todas las personas y los espacios en los que puedo ser acompañante y ser acompañada ellos me recuerdan que tengo permiso de ser yo, con todo lo que me conforma y que eso que tengo dentro es lo que me hace única e irrepetible, me ayudan a re/conectarme con mis raíces de luz. Inicio conscientemente un camino de reparación en medio de un proceso de hiperfagia artística.

Recibo en este viaje respuestas a varias preguntas, respuestas que llegan como regalos. Deseo que no se vuelvan meta-relatos congelantes y que, si en algún momento sucede así, llegue un abrazante mistral a derretirlo todo, para seguir cambiando, seguir des/cubriendo/me. Uno de estos regalos es la creación de Mamuba, una obra interactiva, un ejercicio social sobre la importancia de vivir y disfrutar del presente. Una obra para espacios naturales-urbanos que se activa con la participación del público a través de instrucciones de acción. Realizada en co-producción con el Centro de las Artes de San Agustín a través del Diplomado Interacciones Cuerpo en Diálogo, que será estrenada 29 y 30 de septiembre en el CASA de Oaxaca. Un proyecto que me desplazó, geográfica, emocional y profesionalmente, confirmándome que los deseos siempre se cumplen.