In the back no words hearing de Karina Suárez Bosche

Publicado en Cultura el domingo 12, marzo, 2017

Natalia Reza/ Ágora Debate

El paisaje, la imagen, las plantas. Las espaldas mismas, los perfiles de los rostros bañados en luz, el ring ligth. Ser paisaje. Alcanzar a develar el rostro de aquel espectador sentado al otro lado de la sala, frente a mí, a una escena de distancia.

Los pequeños, sutiles y poderosos impulsos de los músculos que se contraen y alargan para generar movimiento son en sí, un discurso.

El suave parpadeo, otros brazos que se dejan ver, pero no pertenecen al mismo torso, ¿o sí?

La forma y movimiento de la tela que pende de sus cuerpos es tan similar a la de las plantas que dentro de marcos de madera protagonizan una historia de re-construcción, espacios vivos, espacios limitados. Doloroso recordatorio de las ciudades sin rostros.

Recuerdo al verlas las danza polinesias, en donde no sabemos con certeza qué dicen pero jugamos a adivinar.

 

Un árbol suspendido y un camino. Un punto de partida y otro de llegada que parece inadvertir la presencia, la imposibilidad de concretar, de decir, de hacerse entender.

Acostumbrarse, adaptarse, engarzarse con lo que el otro es. ¿Para qué reclamar atención?

Tal vez reclamar el derecho a ser lo que se es desde los diminutos detalles y hasta la estridencia. Y ¿sin el otro no soy? Si no hay alguien escuchándome, mirándome, me perderé en el laberinto de mis pensamientos, ¿qué será más peligroso?

Transformando el paisaje con la energía, poniendo en el aire lo indecible, como un anhelo de alcanzarse y hacerse entender. Ellas enmarcadas por el atardecer se regalan, se ofrendan, se prometen, se intuyen, pero no se alcanzan, no se explican. Como las raíces del árbol suspendido ellas están expuestas, extraídas, desterradas. Y cae la noche.