La colaboración en el arte enriquece la experiencia.

Publicado en Cultura el jueves 6, julio, 2017

 

Natalia Reza/ÁGORA CULTURA.

Fotografía Erick Sánchez.

Hace algunos años tomaba café con un amigo que afirmaba ser el nuevo Da Vinci por su capacidad de hacer de todo, obras escénicas, escenografía, iluminación, gestión.

Y si bien yo no estoy a favor de la especialización porque deshumaniza, si me pregunté ¿hasta dónde podemos nosotros mismos hacernos cargo de todo? Y desde entonces esa pregunta me sigue en el camino.

La colaboración es compleja y a veces hasta caótica, pero permite expandir la mirada, la acción y el pensamiento, porque cuando colaboramos tenemos más de un punto de vista, más de una idea, más de una posible salida, inclusive tenemos más de un deseo.

También al colaborar tenemos la oportunidad de compartir el timón con una o más personas, no para que todas jalen al mismo tiempo en diferentes direcciones, sino para tratar de aportar saberes, conocimientos e intuiciones a la hora de elegir el camino.

El objetivo en teoría ya estaba acordado. Cuando hacemos colaboraciones, ojalá partan desde un punto de coincidencia que vaya más allá de la conveniencia, porque cuando reducimos las relaciones a lo utilitario eventualmente van a dejar de fluir, tal vez sigan produciendo, pero habría que hacernos otra pregunta: ¿del arte deseamos la experiencia o el producto? ¡Pueden ser ambas, claro! Entonces, ¿cómo equilibramos estos deseos?

Me imagino que colaborar es como invitar a tus amigos a una fiesta “de traje” cada quien va a llegar con lo que le gusta y cree que puede funcionar, comida, juegos de mesa, karaoke, bebidas, algunos llegan antes para ayudarte a organizar, algunos llegaran puntuales otros más tarde cuando se desocupen de otros compromisos.

A todos les va a abrir la puerta y te dará gusto verlos, incluso, si llegan con un invitado extra. Ya en la fiesta se dan cuenta de que faltan los hielos, más botana y que uno que otro ya tiene hambre; se van a poner de acuerdo, van a hacer una vaquita y algunos voluntarios irán a proveer al grupo, los que se quedan tienen la responsabilidad, entre líneas, de mantener la fiesta. Todos han aportado algo.

¿Te imaginas que dentro de tus amigos hubiera un chef y no le permitieras entrar a la cocina, o un DJ y no le dejarás tocar la música, a pesar de que él hubiera traído hasta tu casa su equipo?

¿Te imaginas que te pasearas por toda la casa diciendo que no toquen, que bailen, que hablen más bajito, que de política acá no se habla, y que te acercaras al grupo que está en el karaoke a contarles lo mal que se comportan los que juegan jenga?

¿Te imaginas a alguno de los invitados descalificando tu labor organizativa, tus pésimos gustos en música? Pues así más o menos funciona la colaboración laboral a veces.

Para que un proyecto/fiesta sea una experiencia grata e incluso productiva es necesario involucrarse y permitir que el otro se involucre honestamente, y para lograrlo debemos generar un ambiente en el que nos sintamos seguros y demos a la otra seguridad, seguridad de acción y pensamiento.

En donde los invitados y el anfitrión sepan que son aceptados por el grupo y que serán contenidos en caso de una crisis, que sí se hace un hoyo en el bote todos ayudarán a repararlo, que sí se acaban los refrescos se organizará otra vaquita y se comprarán más. Si el chef se inspiró y quiere cocinar, le vamos a dejar entrar en la cocina y vamos a ser sus cómplices ayudando y aportando, sin olvidar que el chef es él.

No podríamos hacer una fiesta solos, podríamos comprar todo lo necesario, podríamos acomodar, poner la música, sacar los juegos de mesa, hacer la decoración y aun así necesitamos de otras personas para que sea una fiesta.  Pero nadie nos puede obligar a hacer una fiesta, y mucho menos a ser un buen anfitrión.

Y sí nos negamos a propiciar y permitir la colaboración, eventualmente nos quedaremos solos. La colaboración es un acto noble de reciprocidad, requiere de esfuerzos sostenidos, y en mi experiencia, el esfuerzo se sostiene con el deseo y el deseo con el afecto, el respeto y la horizontalidad.