Si la política tomara en cuenta al arte, yo viviría en un país libre.

Publicado en Cultura el lunes 23, abril, 2018

 

Israel Chavira  Leal/ ÁGORA DEBATE.

Vivo en un país libre. Siento la responsabilidad de decirlo. Pero no es de México del país que hablo, al menos no del México que está transitando en la sexenal farsa de elegir a sus máximos gobernantes. Hay días en que me cuesta trabajo decirme mexicano.

El camino más fácil para no dejar de hacerlo es recordar el cariño de mis progenitores. Dos apasionados rebeldes de sus respectivas familias, dos temerarios corazones que se responsabilizaron de sus propios anhelos. Entonces quiero volver a ilusionarme con que hay  muchos más así entre los Mexicanos.

Yo vivo en un país libre porque reconozco lo valioso que es ser un hombre de cuarenta años y haberme casado en el registro civil con el amor de mi vida y dedicarme profesionalmente al oficio que pienso como enunciado de mi dignidad.

Vivo en un país libre porque puedo compartir con mi esposo los frutos de mi trabajo y con ello darle espacio para lograr sus sueños. Ambos, él y yo, vivimos en un país libre porque, además, hacemos de nuestra profesión de bailarines un camino para ser lo más parecido a nuestra particularidad de ser hombres, ser artistas y ser parte de una comunidad.

Pero esta libertad difícilmente ha sido dada por un gobierno. El gobierno de nuestro país no tiene la fuerza o el valor suficiente para que sus ciudadanos sean libres. Los ciudadanos hemos tenido que ser apasionados para lograr nuestra propia libertad.

La libertad es la responsabilidad máxima, por ello, la libertad debería ser la principal preocupación de un gobierno. Pero la libertad no es un asunto de normatividades o consultas ciudadanas, y si lo es, entonces evidentemente es un tema de la cultura.

La cultura, aunque implique diferentes formas de los saberes de un pueblo descansa principalmente en la enunciación de la dignidad de las personas, y eso, por definición, es poesía. Las experiencias poéticas, las experiencias estéticas y el arte están íntimamente relacionadas, pero ¿a quién quiero convencer?

¿Son las propuestas de los diferentes candidatos a presidentes, gobernadores, o legisladores, caminos para posibilitar esa responsabilidad máxima que es la libertad? ¿Son, sus propuestas, caminos que garantizarán que las personas no permanezcan aisladas en sus particularidades? Porque sí el Gobierno de Michoacán me ha permitido establecer un vínculo legal (matrimonio) con otro hombre, siendo yo hombre también; pero en la educación básica no se ha incluido ninguna propuesta sólida para hablar abiertamente de la diversidad sexual.

La Universidad Michoacana me ha otorgado un título de Licenciado en Danza, pero la Secretaría de Cultura del Estado es una vergüenza, y su Departamento de Danza está bajo la tutela de una persona sin capacitación, conocimientos o experiencia ¡y qué decir de los programas de educación artística o cultura física respecto de la danza, y en particular de la danza contemporánea, que es mi carrera! Pareciera que no hay soporte entre las diferentes instituciones públicas para sostener un discurso congruente en temas del arte y la cultura.

Entonces se vuelve importante preguntarse si efectivamente hay una preocupación real y genuina de los aspirantes y actuales gobernantes por la máxima de la libertad de un pueblo. Porque no podemos olvidar que una cosa es ser libre de hacer algo (casarse entre personas del mismo sexo, o tener un título universitario de una carrera de danza) y otra muy distinta es ser capaz de hacerlo.

Y esto último lo pongo en función de la posibilidad de no sentirse constreñido por la sociedad y sus aparatos institucionales, sus inercias y costumbres en las que mucho tiene que ver la política y las posturas de los gobernantes y legisladores.

La libertad es una relación entre individuos ¿y cómo reconocerse como tales, como individuos, si las políticas culturales, educacionales, económicas, sociales, etc, tienden a homogeneizaciones tan ambiguas que pretenden  que es normal que los derechos de las personas se sometan a la opinión particular de personas que no están viviendo la urgencia de una legislación oportuna en relación al aborto, la transexualidad, las capacidades diferentes, la eutanasia, etc?

¿Cuántas lecciones de historia, cuántas películas del tema, necesitamos para reconocer que el arte y la libertad de un pueblo van de la mano y son garantes del desarrollo del potencial del mismo?

Simone Weil decía que la libertad estaba relacionada con la alegre obediencia al esfuerzo de vivir, y que, para ello, es necesario tener el tiempo suficiente para meditar, para saberse parte del universo (posibilidad indiscutible en el arte), pero que el excesivo trabajo al que nos vemos obligados (y ella no vivió el alto costo de un México como el de hoy) no nos lo permite, aunque también sostenía que la mayoría de las personas preferían caer en lo que para ella era la tentación máxima: la de no pensar para no sufrir.

Eso me recuerda a Heidegger que denominaba a la libertad como la responsabilidad que angustia. Me pregunto si la escasa preocupación de los gobernantes por la libertad de un pueblo tiene que ver con que el pueblo mismo le ha entregado esa responsabilidad máxima, la de ser-se, la de afirmarse ante los discursos hegemónicos, las modas y los trending topics, porque es más fácil ser víctimas de un gobierno tirano. Pero no es mi intención soplarle a la lumbre, prefiero recordar la frase de André Compté-Sponville “Es preferible la sonrisa del sabio al grito del héroe”, y ligarlo a lo que dijera Javier Contreras “la danza es el cuerpo que sonríe”.

Cada año, para conmemorar el Día Internacional de la Danza, el Instituto Internacional de Teatro (ITI, por sus siglas en inglés) de la UNESCO, pide a alguna personalidad importante de esta disciplina artística emitir un mensaje. Este año lo encargaron a la cubana Marianela Boán, y sus palabras me llenan de aliento cuando termina su mensaje diciendo  “A cada desplazado, refugiado o exiliado del mundo le digo: tienes un país que va contigo y que nada ni nadie podrá arrebatarte, el país de tu cuerpo.”

La cultura en México es tan precaria que nos cuesta trabajo ver lo apoteóticamente indignante que resultan los periodos de elección presidencial. Por lo pronto, siguiendo a Marianela Boán, yo vivo en un país libre porque soy artista, porque soy bailarín.