El PRD y el fin del colapso.

Publicado en Debate el jueves 21, febrero, 2019


ÁGORA DEBATE/Isidro Galicia.

Morelia, Mich.- Genuino en su origen. Auténtico en sus métodos de combatividad. Novedoso por su indómita oposición al régimen del PRI.

Muchas otras cualidades hicieron del PRD un movimiento amplio en lo social y político en muy poco tiempo, irredento y contestatario, pero necesario.

En su ascenso vertiginoso, se adjudicó diversas causas urbanas que configuraron la anatomía política de un partido con banderas progresistas y de la sociedad civil. De un movimiento de izquierda popular.

En los albores de los 30 años de vida partidaria el PRD se colapsó.

La curva de crecimiento electoral y de influencia en la arena política nacional, desataron intestinas pugnas por el poder partidista y por los espacios burocráticos en los gobiernos, así como en los escaños legislativos.

Con el paso de los años, el partido perdió su naturaleza consultiva y democrática. Canceló los mecanismos de participación política de los actores sociales, en las decisiones más preponderantes en la vida orgánica partidaria y de los asuntos más trascendentes para la nación.

El desencanto social se apoderó del ánimo entre la población simpatizantes y militantes a lo largo del territorio nacional. Aunado a ello, el progresivo sectarismo impulsado por los dirigentes y líderes que suscribieron reglas no escritas, por encima de los órganos de decisión política. Violentando en todo momento la vida estaturia.

Grupo de notables que impusieron dinámicas e inercias internas nocivas. Asignaban candidaturas y distribuían de forma arbitraria el poder. Estos razonamientos llevaron a un estado agónico al PRD.

No obstante, de su condición de desahuciado político, el PRD significó para la democracia mexicana la oportunidad de incorporar a la vida pública verdaderos contrapesos al poder presidencial. Visibilizar los múltiples agravios históricos para la nación.

Pero hoy, el Sol Azteca se encuentra en un periodo de extinción política. Su carta de defunción está por firmarse. Lo que hace 30 años fue una expectativa de reivindicación social y que cumplió con el propósito de debilitar a los regímenes autoritarios, un desenlace previsible se acerca.

El robustecimiento de la democracia en México no se entendería sin el PRD, pero tampoco se entenderá si su legado político se traslada a un juicio sectario e ideológico de la historia y del poder.