100 días y un gobierno sin opositores.

Publicado en Debate el lunes 18, marzo, 2019

En la imagen los dirigentes del PAN Marko Cortés y del PRI Claudia Ruiz Massieu .

ÀGORA DEBATE/Isidro Galicia.

Morelia, Mich.- En los 100 días de gobierno de Andrés Manuel López Obrador un componente se ha impuesto en la arena política nacional: La debilidad como oposición de los partidos al régimen obradorista.

Con una estrategia contraria a los efectos esperados, el PAN optó por confrontarse con el presidente. Arrastra a escenarios de conflicto los temas nacionales, que, presupuestando obtendrían una rentabilidad política, un ejemplo, las estancias infantiles. No obstante, en lugar de plantear una posición de disensos racionales con el presidente, decidieron eliminar al adversario. Y solo han fracasado.

En estos 100 días de gobierno de la llamada Cuarta Tranformación el partido de la derecha mexicana solo ha exhibido un rostro irascible, intolerante y poco inteligente. Oponerse y resistirse de forma mecánica a las decisiones del presidente, solo ha robustecido la imagen y la narrativa presidencial.

El PRI, un partido en desgracia electoral, vive uno de sus pasajes históricos más desafiantes en sus 90 años de existencia. Ni aun cuando el PAN los derrotó por vez primera  en unos comicios  presidenciales en el 2000, el futuro no era tan espeso ni nebuloso como ahora.

Quizá al PRI deberá asumir con mayor paciencia los aciertos de López Obrador. O maximizar los errores de un gobierno en fase de construcción política. Cierto, el presidente de México no tiene opositores. Su tránsito por la esfera política nacional se da sin mayores sobresaltos, como dirían en el argot deportivo, sin sudar la camiseta.

En el PRD, otro partido inmerso en una complejidad institucional, no será un partido que funja como una oposición sólida para Morena y su presidente. Su debate interno se encuentra circunscrito a la sobrevivencia y evitar su extinción pública. El periplo del Sol Azteca no irá más allá de los comicios del 2021, a menos, que Morena y López Obrador oxigenen al perredismo con acentuados errores, o porque no, con una alianza electoral.

No obstante, AMLO se encuentra en plenitud política. Sin opositores que evidencien excesos, discursos maniqueos y la centralización del poder en México. La dimensión del desastre post PAN  y PRI en los gobiernos situados en el modelo neoliberal, constituyó el antídoto y la fórmula para fortificar  a Obrador y hacerlo casi indómito en el poder.

Desde ahora, la democracia mexicana vacila ente la gradual pérdida de los equilibrios y de una oposición debilitada, que, sin argumentos o posturas que propicien contra pesos, se consolida un régimen que carece de auténticos disensos. Evidentemente, el menos culpable de las consecuencias es el presidente. Su postura ante los asuntos públicos solo confirma que las reducidas resistencias políticas solo fortalecen el proyecto de Morena.

Es  tiempo que los partidos de oposición regresen a sus ideales y planteamientos programáticos originales para constituirse como fortalezas ideológicas antagónicas. De lo contrario, sus posibilidades de competencia electoral en el 2021 estarán sujetas al escenario que mejor convenga a Morena y a sus candidatos.

En democracia oponerse a las decisiones del  partido en el poder es saludable, siempre y cuando, haya sociedades con una profunda cultura política y democrática. Por ahora, la oposición mexicana vive uno de los periodos más exiguos y que de forma sigilosa empodera a un presidente y a un partido que gobierna sin opositores.

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