Alcaldes bajo el asedio criminal.

Publicado en Debate el domingo 22, octubre, 2017

 

Isidro Galicia/ ÁGORA PÚBLICA.

En Apatzingán fue el primer aviso.

El entonces edil electo de Buenavista, Fernando Chávez López, fue herido en calles céntricas de la ciudad.

En diciembre del 2004 sobrevivió al atentado; hecho que selló la muerte del presidente municipal meses después.

En julio del 2005, a escasas cuadra de la sede edilicia de Buenavista, el “güero” Chávez fue ejecutado por un comando armado.

De acuerdo con versiones no oficiales, el presidente municipal era perseguido desde Apatzingán y en todo momento intentó comunicarse con el personal policiaco del municipio, para que acudiera a su auxilio, apoyo policial que nunca llegó.

Desde campaña por la presidencia municipal de la localidad, se estimaba de presiones en contra del entonces candidato y posterior edil, e incluso, habría reforzado su círculo de seguridad previo a su ejecución.

Medida que resultó insuficiente.

Como este y los casos posteriores, las muertes de los ediles en Michoacán no se esclarecen.

Al contrario, las investigaciones se deslizan en medio de nebulosas conjeturas ministeriales y bajo una línea de investigación consistente: La participación del crimen organizado.

Ser alcalde en Michoacán y en el país es de alto riesgo.

Los entornos, contextos y conflictos municipales se complejizan aún más ante el hostigamiento constante de células criminales en contra de los presidentes municipales.

Los alcaldes michoacanos gobiernan y administran los municipios bajo una dictadura criminal.  Asedio que se transfiere a su esfera de poder más cercano e incluso familiar.

Que, en sigilo intentan zanjar las presiones delictivas desde la localidad, al margen de la autoridad estatal y federal.

El municipio, como el eslabón más débil del Estado mexicano, se encuentra en una profunda crisis de seguridad, alejado de todo respaldo institucional.

Alcaldes, indistintamente de su filiación partidista, gobiernan con el estigma de la amenaza, en el mejor de los casos, y de la muerte.

Aspirar a las alcaldías en Michoacán, es colocarse bajo el fuego de la disputa territorial y en medio del control criminal.

En tanto, las cifras de ediles ejecutados engrosan la estadística de la impunidad.