Alcaldes michoacanos, tlatoanis sin ley.

Publicado en Debate el lunes 31, julio, 2017

En la imágen el Vocal Ejecutivo del CEDEMUN Michoacán, Carlos Paredes Correa.

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

Las génesis del municipalismo mexicano se consolida durante las deliberaciones del Constituyente de 1917, al otorgárseles personalidad jurídica y política en el artículo 115.

A un siglo de nacimiento de la vida municipalista del México contemporáneo, como diminutos tlatoanis o jefes políticos locales, algunos de los ediles michoacanos gobiernan sus territorios depredando la ley.

Hoy, en Michoacán como el resto del país, el desarrollo democrático de la vida municipal se encuentra detenido. Sin mecanismos genuinos que deriven en una abierta participación ciudadana en las acciones gubernativas.

Ante la baja cultura política de las sociedades locales y el desdén de la ciudadanía en los asuntos públicos, motivaron el empoderamiento ilimitado de personajes que se adjudican como propiedad privada, los órganos y los presupuestos de la administración pública.

Se asumen como autoridades con poderes plenipotenciarios, desoyen las opiniones de la sociedad civil, y aniquilan la crítica con la coacción de la libertad de expresión.

Cooptan la voluntad política de los regidores de su partido o de la propia oposición, en el mejor de los casos.  Sin pesos ni contrapesos, los alcaldes construyen sus pequeños imperios de impunidad.

Aunado a ello, las estructuras de poder partidista contribuyen sobremanera a la descomposición política de los ayuntamientos.

Los alcaldes forman parte de corrientes, expresiones y grupos políticos que los protegen en detrimento de la sociedad municipal.

Ante la complaciente observancia de legisladores locales, órganos fiscalizadores y partidos políticos, los alcaldes administran los territorios de forma inhóspita y al margen de la ley.

Son múltiples los desafíos del municipalismo en Michoacán. Hoy más que nunca, se requiere la conformación de sociedades interventoras de los ayuntamientos.

Del surgimiento de nuevos actores sociales que propicien equilibrios políticos y gubernamentales desde lo local; que perfilen municipios con una sólida cultura de la legalidad.

Que promuevan la transparencia y rendición de cuentas, como auténticos hábitos de una sociedad democratizada.

Los pequeños tlatoanis michoacanos gobiernan en la impunidad.

La ciudadanía agraviada tendrá la última palabra.