Anaya y Meade derrotados por la corrupción.

Publicado en Debate el lunes 11, junio, 2018

 

En la imagen Ricardo Anaya candidato presidencial de la Coalición “Por México al Frente”

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

En el último tramo de las campañas por la presidencia de la República en México, un elemento lacerante fue el centro del debate, la propuesta y la ofensa política: La corrupción.

México, desde su incursión al modelo económico neoliberal, la práctica de la corrupción en los gobiernos acentuó el rechazo, la molestia y hasta el hartazgo de la sociedad, que ubicó a esta práctica como la enfermedad pública por excelencia.

Desde mucho antes, los casos de corrupción exhibidos durante el sexenio de Enrique Peña Nieto marcaron la agenda pública para trasladarlo a un debate monotemático.

La inseguridad pública y el desempleo pasaron a un segundo término para la mayoría de los mexicanos y para una sociedad defraudad por el insultante enriquecimiento de gobernantes y políticos.

En efecto, la corrupción se colocó en las campañas presidenciales como hilo conductor de las estrategias electorales y de los propios discursos de los candidatos.

José Antonio Meade, el candidato oficial, asumió las consecuencias de un partido que corrompió la esfera pública y la dañó al grado de enfermarla.

Durante la campaña Meade asumió el costo por mantener la fidelidad política al partido que lo impulsó como el candidato presidencial, más aún, de promoverlo como un candidato externo de las filas partidistas, como el candidato anticorrupción.

La lealtad hacia Peña Nieto y el grupo gobernante, propició que su propuesta de campaña se anclara sin generar expectativas entre el electorado.

Quizá, Peña Nieto y el grupo Atlacomulco dieron una lectura equivocada de la acentuada descomposición de la vida pública nacional; como protectores de la corrupción, intentaron minimizarla y colocarla como un mal endémico cultural y no gubernamental.

Meade se encuentra en la antesala de la derrota comicial la corrupción sistémica lo alcanzó.

Mientras tanto, Ricardo Anaya involucrado en una serie de acusaciones por lavado de dinero, se presentó como el candidato anticorrupción, una apuesta atractiva y posible.

Al paso de las semanas, Anaya se situó en el escándalo político que dañó profundamente su imagen pública; aún sin conocer a ciencia cierta sí los hechos que lo acusan son ciertos, Anaya no logró superar la campaña de desprestigio, inducida según él, por el gobierno de la República.

A solo 20 días de la jornada electoral, la corrupción fue el antídoto para ganar la confianza de los electores mexicanos; fue la barrera que no derribaron ni Meade y Anaya, situación que los tiene en la disputa por el segundo lugar.

La corrupción los derrotó, pero también, su omisión por no combatirla.