Colosio: el magnicidio que debió suceder

Publicado en Debate el miércoles 22, marzo, 2017

 

Isidro Galicia Ramos/ Ágora Debate

Un ambiente enrarecido por la insidia, el rumor y la inestabilidad política, era el tiempo del salinato, el momento de la rebelión en contra del régimen político.  Luis Donaldo Colosio Murrieta, hombre del sistema, según los relatos periodísticos de la época, el más estimado de los amigos de Carlos Salinas de Gortari.

Mucho se teorizó del magnicidio del oriundo de Magdalena de Quino en Sonora. Todo se conjeturó en un asesino solitario. Atrás quedaron las hipótesis conspirativas, de una ejecución tramada desde las entrañas del poder y de la ruptura personal, entre el entonces presidente de la República y el candidato presidencial del PRI.

A 23 años de la muerte de Colosio, por costumbre cronológica, asentamos que la muerte de Colosio debió suceder. ¿Cuándo se planeó? ¿Después de ser ungido como candidato o durante la campaña electoral?, ¿Por qué se rompió la verticalidad política y autoritaria en 1994?, ¿Por qué perfilar los análisis políticos de un candidato debilitado?, ¿Quién ganaba ante una muerte clasificada como un magnicidio?

Desde aquel martes 23 de marzo, en la emblemática localidad de Lomas Taurinas en Tijuana, el régimen salinista concedió una serie de especulaciones, todas ellas, orientadas a la confusión de la investigación. ¿Un Estado rebasado por los enemigos inmateriales de la revolución? Un escenario perfecto para la exoneración pública de los autores intelectuales.

Los pesos y contrapesos de la época se situaban en un solo espacio: Los Pinos. Por tradición, la unidad y disciplina partidaria eran los componentes políticos de un partido hegemónico, a la fecha lo es. Su militancia, como antes y ahora, omisa ante la injusticia y cómplice del sistema. Con la muerte de Colosio, el PRI construyó el símbolo del agravio, pero nunca exigió el castigo para los responsables, más allá de las alocuciones verbales.

Aún con un clima político incierto y adverso, Colosio sostuvo su campaña electoral hasta el día que fue ultimado. De acuerdo a los registros periodísticos de 1994 durante el proceso electoral, Colosio sostuvo una reunión con Miguel Ángel Granados Chapa, José Agustín Ortiz Pinchetti, Carlos Ramírez y Raúl Cremoux. En ese encuentro, Colosio se dijo “víctima de la perversidad del sistema”.

Era cuestión de tiempo. Colosio, al menos en el campo discursivo, no representaba los intereses de la minoría gobernante. Eran horas claves.  En aquella emblemática disertación del seis de marzo de 1994, Colosio contrastó los agravios, injusticias y pobreza en la que se situaban millones de mexicanos. Aquella lógica argumentativa, fue el punto de quiebre donde las sospechas aumentaron.

A más de dos décadas del suceso, las suspicacias entorno a un crimen de Estado no se diluyen. La sociedad mexicana se sostiene escéptica, ante una verdad jurídica que confirmó la actuación de un asesino solitario. Al final, el PRI conservó el poder en aquella elección presidencial de 1994 y mantuvo los privilegios de la familia revolucionaria. El magnicidio de Colosio es un relato que no finaliza.  Aún habrá historias que conocer.