Constitución de Apatzingán: La identidad de un pueblo libertario.

Publicado en Debate el sábado 30, septiembre, 2017

 

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

 

A propósito del aniversario 252 del Natalicio del Generalísimo Don José María Morelos y Pavón, les comparto solo un fragmento  de un breve  ensayo presentado en la Secretaría de Cultura en el 2014, por la conmemoración del Bicentenario de la Constitución de Apatzingán.

Además de compartir rasgos culturales,  los apatzinguenses los distingue sus formas desenfadadas de hablar y comportarse. Siguen su instinto liberal; sus patrones colectivos, son en sí, los que articulan su identidad.

El ánimo social se irrita  ante las inclementes temperaturas climáticas de la región.Es posible, que la impaciencia social sea producida por el sol incandescente que durante el día se postra en el valle de la tierra caliente y produzca cambios intempestivos en la endogamia de los lugareños; quizá, no lo sabremos. Pero el carácter rudo se acentúa en las épocas de mayor temperatura.

Uno de los emblemas es el lenguaje. Los signos semánticos de los habitantes de Apatzingán rayan en el coloquialismo regional. Las expresiones verbales y el doble sentido son romerías lingüísticas para los habitantes.

Las mujeres- decididas y de carácter- emulan la verbalización masculina; quizá sea la única forma de sobrevivir en un espacio social dominado por los hombres. Aunque cálidas, las mujeres han asumido el lenguaje de los hombres como propio.

El término más coloquial y utilizado por la gente es “vale”, expresión genuina de la zona y de sus pobladores. El “vale” se contextualiza en una decepción, desánimo y desaliento. Es una acepción utilizada por todos sus habitantes, es posible, una de las más usadas durante las conversaciones de los lugareños.

Para los apatzinguenses Morelos es la imagen perenne que cautivó a una tierra inhóspita, alejada de los combates por la libertad. Morelos, heredó un sentimiento de pertenencia social, construyó la  idiosincrasia popular en Apatzingán.  La niñez de la zona se familiariza con el personaje revolucionario desde que aprende sus primeras letras; entienden que es parte de su formación educativa conocer y hablar de Morelos.

Fieles a su repertorio cultural, desde el nivel preescolar en carros alegóricos se escenifica la firma de la Constitución de Apatzingán. Todos ataviados con el paliacate en la cabeza, una pluma con tintero y un libro abierto que representa el primer decreto nacional. El sentido de pertenencia histórica de sus habitantes ha logrado el apropiamiento de la vida, obra y genio militar de Morelos.  Todos o casi todos, tienen la idea colectiva de que la celebración anual es el honor a Morelos y a los constituyentes de 1814.

A más de 200 años de vida del pueblo de Apatzingán, Morelos descubrió a una tierra olvidada y la mostró ante el mundo novohispano, como el lugar donde hirieron de muerte al reino de la Nueva España.