Construir confianza en tiempos de desconfianza.

Publicado en Debate el martes 17, abril, 2018

En la imagen el Consejero Presidente del INE Lorenzo Córdova.

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

Uno de los procesos más democratizadores en México fue la creación del IFE.

Una entidad que nacía con plena autonomía del gobierno de la República, antes, el árbitro electoral en los procesos comiciales presidenciales.

Tras la polémica elección de 1988, donde los artificios oficiales consumaron un fraude electoral que derivó en la constitución de un organismo electoral rector, y con ello, terminar con la cultura de la desconfianza de los ciudadanos.

Sin embargo, a casi 28 años del nacimiento del IFE (hoy INE), de nueva cuenta se coloca en el imaginario colectivo mexicano la amenaza de la desconfianza.

José Woldenberg, primer Consejero Presidente del IFE, hace algunos años señaló “un proceso de construcción de confianza en el que los logros y los progresos se miden micra a micra, son paulatinos, son graduales, a diferencia del proceso contrario, el de la pérdida de confianza, donde los retrocesos se miden en kilómetros”.

En efecto. El fraude, la trampa y la mentira como elementos que definieron los procesos políticos y electorales del México del siglo XX, y que se constituyeron como un método inherente para ganar elecciones y gobiernos.

El 2018 será una prueba compleja y desafiante para el INE como institución generadora de confianza y credibilidad.

Estará en juego todo un andamiaje institucional, que se gestó a partir de una elección fraudulenta y de la profunda desconfianza de la sociedad en gobiernos y autoridades.

El próximo primero de julio, los mexicanos acudiremos a una elección donde la fortaleza democrática será medida y cuidada por todos los actores políticos, aún bajo el riesgo de caer en la tentación de imponer un nuevo fraude electoral.

La confianza sostenida con alfileres por parte del INE será resguardada a piedra y lodo para garantizar la confiabilidad de la elección y del propio ganador.

En el 2018 se compromete no solo la continuidad o el cambio de proyecto político de nación, también la posibilidad de consolidar el sistema democrático mexicano.

Del cómo procese el desarrollo de la elección presidencial el INE y de quien resulte vencedor, no solo será una cuestión de números y de resultados.

El vencedor, que debe confirmar el triunfo con los votos, deberá ser respaldado por la confianza y la credibilidad de la entidad organizadora de la elección, actuación que deberá ser legitimada por los electores.

De lo contrario, México se situará en un nuevo escenario de polarización social, donde el vacío de la confianza y de la autoridad marcará un rumbo incierto  para la nación.