Corrupción: Detractor del Estado El 38 por ciento de los mexicanos cree que nada se hace.

Publicado en Debate el domingo 19, marzo, 2017

 

Isidro Galicia Ramos/ Ágora Debate

Establecido como un código genético en la vida pública de México, la corrupción se instaló como un mal endémico, que corroe a los poderes del Estado, instituciones, partidos políticos y sociedad. Las implicaciones derivadas de la corrupción se expresan en una débil democracia, en la socavada credibilidad de la clase política y en la desconfianza que propicia cada acto gubernamental.

Ante ello, las causas de éste fenómeno social se sustentarían en el precario acceso a la justicia, el deterioro económico y la inseguridad, aspectos que podrían debatirse, pero, considerarse como factores que influyen en la acentuada cultura del desprecio por la ley, de amplios sectores de la sociedad mexicana, principalmente de la comunidad gobernante. De acuerdo a Latinobarómetro 2016 en su encuesta anual acerca de la corrupción en México, preguntó lo siguiente:  “¿Cuánto cree Ud. que se ha progresado en reducir la corrupción en las instituciones del Estado en estos últimos 2 años?

De los resultados el 38 por ciento de la población respondió que nada. El 37.9 manifestó que poco, mientras que el 17.4 por ciento contestó que algo. Sin embargo, en la encuesta del 2013, el 35.7 respondió que nada hace el Estado mexicano por reducir la corrupción, en tanto, el 30.08 afirmó que poco. Los datos arrojados por la encuesta del 2016, retratan la desilusión social, y básicamente asociado al ejercicio del poder en México, como la fuente donde se origina la corrupción.

En el 2016, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), presento un documento denominado “Corrupción: Un revisión Conceptual y Metodológica. Documento de Análisis y Estadística”. Esta revisión, en cuanto a la percepción en la materia, arrojó que el 90 por ciento de las encuestas cuestionan si se considera a la corrupción como un problema en el país; el 71 por ciento por las instituciones más corruptas y el 44 por ciento preguntan sobre las prácticas más frecuentes.

El combate a la corrupción en México se complejiza y el camino se hace sinuoso. Es sin qua non atender las causas que facilitan los actos prohibidos por la ley, ya que desde el poder político se acentúa el deterioro de la vida pública del país. Urge que, desde la sociedad civil, se introduzca un nuevo modelo de participación política para detener las inercias de la espiral de la corrupción. Fortalecer los mecanismos de control social, administrativo y jurídico, para disuadir todo acto que contravenga al derecho.

Lo que parece una regla o nomenclatura social, la corrupción se mueve de forma sigilosa, casi en silencio en las propias estructuras del poder. Ante éste caótico escenario de la subcultura de la corrupción, el andamiaje institucional se encuentra colapsado, sin capacidad de respuesta para solventar la crisis de legalidad, que permea en el ámbito de la política en México. Hoy, la ciudadanía se encuentra escéptica y desconfiada ante la desmesura de la clase gobernante, que ve con beneplácito, la indiferencia de una sociedad que se resiste a ser partícipe de la transformación pública.