Creer en Obrador.

Publicado en Debate el domingo 13, mayo, 2018

En la imagen acto de Obrador en Guelatao, Oaxaca,

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

No se funda en una fidelidad dogmática y de fe.

Ni en una lealtad a ciegas y acrítica.

Andrés Manuel López Obrador, como todos los aspirantes presidenciales, registra en la narrativa signos de su personalidad, en la retórica del como concibe al país y en los hechos la manera de conceptualizar a la política.

Además de ser un político con aciertos y errores a lo largo de su historia en la vida pública de México, lo cierto es, que Obrador es el arquetipo de presidente que desean amplios sectores de la sociedad mexicana.

En el tercer periplo electoral del tabasqueño, el contexto marcó el sentido de las preferencias electorales a menos de 50 días de la cita hacia el primero de julio.

Si bien Obrador se colocó en el escenario nacional a partir de ser Jefe de Gobierno de la Ciudad de México en el 2000, la profunda caída en la confianza y credibilidad de los regímenes emanados del PAN y del PRI, escaló la imagen de Obrador como el opositor al sistema.

Quienes lo denostan, descalifican e insultan, deben asumir reflexiones autocríticas, sensatas y frías al momento de emitir opiniones sin sentido, irracionales y llenas de odio contra el candidato presidencial de Morena.

Obrador no gestó la profunda descomposición política y gubernamental de México.

La corrupción como un irruptor de la gobernanza nacional, significó el detonante del amplio hastío social. Del repudio en contra de los partidos gobernantes y del consumado descrédito de las propias instituciones políticas.

Obrador no generó la crisis humanitaria y de seguridad pública.

Con cifras alucinantes y desproporcionadas de muertes y desaparecidos, México se colocó desde hace algunos años como una de las naciones más violentas, comparadas incluso, con países con un permanente flujo bélico.

Realidad que vulnera la paz pública y compromete cualquier política de pacificación social; situación que ahuyenta la inversión privada en estados y en las regiones del país, al no existir garantías de capitales. Con una economía emergente que empobrece y margina a millones de mexicanos año con año.

Ante los profundos desafíos nacionales, Obrador deberá definir su posición ante los retos actuales y del futuro para la nación.

Quienes aún lo observan como el enemigo público de México y quizá el peligro mítico de los mexicanos, sería prudente una sesuda reflexión, y que ésta, se oriente a la construcción de país en el gobierno y desde la oposición.

Quizá para los amlofóbicos hubiera sido otro y no Obrador quien capitalizara el enojo y descontento de los ciudadanos, ante la brutal falla de partidos y gobernantes que defraudaron la confianza de la sociedad.

Creer en Obrador no solo es la opción, es la salida.