Cuando ganar es un pecado y decir la verdad un insulto.

Publicado en Debate el lunes 17, septiembre, 2018

 

Alexander Katzowicz/ÁGORA DEBATE.

El mundo se ha vuelto ciego ante evidentes verdades hasta un grado absurdo y peligrosamente ridículo.

Peligroso al punto que un periódico en Australia tiene que retirar una caricatura completamente inocente (delirios de feminazis) llamar sexista a la caricatura, y para sumar nafta a la cuestión, racista… ¿cómo querían que pinte a la negra? ¿amarilla, como si fuera un Simpson? ¿Y qué? ¿Está mal decir “la negra”? ¿Hemos de ser tan políticamente borregos de decir afroamericanos como dicen los gringos? Los gringos no son los amos del lenguaje- al menos no del escrito.). Peligroso al punto que Mark Knight tuvo que cerrar su cuenta en Twitter por amenazas a él, su familia y amigos.

Una bola de borregos repiten por doquiera que es sexista y racista, sin medir (ni entender) sus palabras. ¿Sexista por qué? ¿Racista cuándo? En una de tantas bobaliconadas publicadas, uno de estos paupérrimos periodistas criticó que los labios dibujados eran demasiado gruesos. ¿Acaso no vio los labios de Serena Williams? Y otro que su cuerpo se veía demasiado grande… vaya, parece que las cámaras engañan demasiado y no podemos apreciar bien un cuerpo atlético poderoso al grado de destruir una raqueta con un movimiento de brazo.

Pero la verdad da igual

Lo que importa son las “tendencias”. Cualquier cosa donde se mencione la mujer de una manera no positiva, automáticamente se concibe como crítica negativa, y no sólo de esa mujer, sino de de todas las mujeres.

¿Quién osará decir que cuando Serena le chilló al árbitro “¡no te atrevas a hablarme!” continuó ella sola su monólogo, con una actitud típicamente…? ¡Oh, no lo diré porque se me echarán encima las ardientes feminazis! Cada vez que las mujeres se muestran “solidarias” en bloque por un insulto a un individuo de su sexo, se rebajan un poco más.

Pongámoslo en otra perspectiva. A un hombre lo llaman idiota. ¿Acaso los hombres se van a ofender? No. Mejor aún: si una mujer chilla que todos los hombres son idiotas, ¿algún hombre se va a ofender? Tampoco. Este estar a la defensiva por cualquier cosa desprestigia al legítimo feminismo, este chillarle a un caricaturista que hizo su trabajo de una manera totalmente inocente, ¿no es una cacería de brujas exagerada, que empobrece intelectualmente un movimiento que lucha por derechos de la mujer, y se enzarza en detalles minúsculos, nimiedades, adornos?

¿Qué tiene que opinar la billonaria autora de la infumable saga Harry Potter, acerca de un ignoto caricaturista destruyéndolo con un par de frases? En vez de arruinarle la vida a gente que trabaja de verdad, ¿por qué no hace algo fructífero con su inmensa fortuna? No la oí mencionar jamás en nada que no sean sus libros y películas para adolescentes, y ahora se apropió de la bandera fácil del feminismo.

Los problemas principales: el medio ambiente; la miseria; la desigualdad social abismal; el uso de combustibles fósiles; las guerras; los suicidios masivos de los soldados norteamericanos (se suicida uno cada 15 minutos, y lo dijo el NY Times, no yo); todo eso tiene menos peso que este trending bestial que se ha convertido en un Argos y can Cerbero de individuos, olvidando que el verdadero enemigo es la corporación, la minería, los hidrocarburos, el plástico, los alimentos genéticamente modificados.

Pero el gran público no se siente identificado con todo eso. Le gusta tener su coche, viajar, no piensa en el costo del petróleo, si el fracking destruye la naturaleza o si genera guerras en medio oriente. Todo eso es menor.

Lo que importa realmente es condenar que un australiano dibujó muy gruesos los labios de una millonaria afroamericana que no supo perder ante una japonesa de 20 años que la idolatraba y que pidió perdón por haberle ganado. Imperdonable