Delirio y agredidos.

Publicado en Debate el sábado 12, enero, 2019

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

Desde la caída del símbolo del comunismo en siglo XX en 1989, las sociedades occidentales sustituyeron valores primigenios de vida por el del consumo irracional y a veces alimentado por la frívola carrera del delirante estatus social.

México no fue ajeno al proceso del capitalismo voraz y del modelo económico depredador. Tras 36 años de imponer una sola visión economicista del mundo occidental en el país, la resultante de la imposición del libre mercado, son sociedades dependientes y sujetas a las políticas de consumo, que hoy, se ven alteradas ante una decisión del gobierno de México.

La determinación de proteger los bienes de la nación se asume en un periodo de naturales resistencias políticas y de oposición de grupos de poder, que se observan amedrentados por la culminación de un ciclo de corrupción alentado desde las esferas gubernamentales.

Ciertamente, terminar de manera drástica con una era inefable por la corrupción y la arraigada cultura de la impunidad en México, que permitieron instaurar un modelo de abuso y enriquecimiento ilícito  de los gobiernos del pasado, tendrán consecuencias y un sector de la ciudadanía se asumirá “agredida” por la escasa distribución de los combustibles.

Indudablemente, ciertos segmentos de la población, tienen el legitimo derecho de manifestarse e incluso de expresar sus aversiones por el esquema anticorrucpión de Andrés Manuel López Obrador. Aunque la formulación de su criterio se construya por razonamientos políticos, ideológicos y mediáticos deliberados.

Sin embargo, el delirio social que ocasiona a la ciudadanía el precario suministro de gasolinas en la nación, podría interpretarse como una respuesta ante la interrupción a los estilos de vida y quizá, la comodidad que generaba adquirir gasolinas robadas, propiciando con ello, un daño al patrimonio del país.

Desmontar las anquilosadas estructuras del poder en abierta simbiosis con las prácticas delictivas, será un proceso que desafiará al propio proyecto de nación que encabeza Andrés Manuel López Obrador, donde se han visibilizado los antagónismos y los detractores al régimen del presidente de México.

La desinformación como eje articulador de la construcción de escenarios de presión social, se mantendrán ante la contingencia de los combustibles, donde el matiz de fondo será la resistencia colectiva por no compartir la idea de la transformación y del fin de la corrupción.

No obstante, nadie puede estar obligado a compartir un propósito de gobierno, pero sí, contribuir a la construcción de un régimen de legalidad, ausente en casi cuatro décadas.

El neoliberalismo económico no solo impuso una visión del mundo, sino también, establecieron nuevos valores culturales y sociales, que suplantaron los esquemas históricos de la sobre vivencia humana, por el de acumular riquezas y necesidades materiales.

Los días de desabasto de gasolinas, han denotado los dos México; el que desea una transformación del actual régimen político y los que aún se encuentran anclados en el México del debate virulento e irracional de los opositores.

Aun vendrán tiempos de conflictos y de controversia social durante este sexenio, por instaurar un nuevo orden constitucional.

Todos desean espacios de confort pero también de legalidad.

Disculpen las molestias.