El nuevo comienzo que no llegó.

Publicado en Debate el jueves 27, septiembre, 2018

En la imagen el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles  durante su Tercer Informe.

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

El nuevo comienzo prometido por Silvano Aureoles Conejo se quedó en una promesa vaga de la política.

La entelequia social de los satisfactores de bienestar, seguridad y fin a la impunidad, se encuentra lejos de la esfera personal y colectiva de los habitantes michoacanos.

La agenda de gobierno de Silvano Aureoles Conejo se distingue por la opacidad y discrecionalidad para transparentar el gasto público.

Una suspicaz tolerancia de células delictivas que operan impunemente en amplios territorios de Michoacán y la política inexistente del combate a la corrupción.

En el  tercer año de gobierno, Silvano no ha logrado generar la confianza y la aprobación de los michoacanos en su gestión gubernativa.

El estado de excepcionalidad y de permanente descomposición social, producto de las crisis recurrentes en materia de seguridad, confirmaron que el nuevo comienzo solo llegó para perpetuar las anquilosadas estructuras fácticas que condicionan a la gobernabilidad.

Sin nada nuevo en el horizonte, Aureoles Conejo optó por gobernar desde el confort mediático   y de la frivolidad pública. El hilo conductor del discurso oficial, es la de un gobierno que miente como sistema para minimizar los brotes de violencia y la impunidad rampante en numerosos municipios.

Los vacíos de autoridad acentuados por el silvanismo en diversas regiones del estado, ante la omisa responsabilidad, ha deteriorado la paz pública y modificado el orden social.

La narrativa el nuevo comienzo empieza a desmoronarse.

Al tercer año de un silvanismo triunfalista, egocéntrico y arrogante, no se percibe un golpe de timón a los paliativos implementados en materia de seguridad pública, rubro por demás sentido para los ciudadanos.

Ir a fondo con los oscuros endeudamientos públicos de los recientes gobiernos, es un tema pendiente de Aureoles Conejo, que decidió dar carpetazo al presunto daño patrimonial.

Y desde luego, asumir una agenda ciudadana como una respuesta a la apertura gubernamental y a la colectivización de los asuntos públicos del estado, para que se consolide un auténtico estado democrático.

Hasta hoy, Aureoles Conejo mantiene una postura acrítica, complaciente y engañosa de una gestión que ha quedado a deber a los michoacanos.

Y aún restan tres años, y el nuevo comienzo aún no llega.