El was y el quiebre de la igualdad.

Publicado en Debate el sábado 29, septiembre, 2018

En la imagen Ismael García Cabeza de Vaca al pedir disculpas públicas por el wasgate.

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

Solo bastaron unos cuanto segundos para reeditar el actuar de la clase gobernante de México: La misoginia como un habito público cultural.

En la narrativa oficial, la equidad de género (hoy la igualdad sustantiva) se tradujo en una nomenclatura discursiva, que se apropió de cualquier ámbito de la vida social de nuestro país.

Asumir una bandera feminista, permitió captar  votos para cientos de candidatos en diversas elecciones estatales o municipales. Es decir, como tema de campaña de persuasión electoral.

Esta progresiva aceptación de los hombres por adecuar los espacios políticos para las mujeres, no fue una concesión graciosa o un mérito exclusivo de los barones.

Fueron largos años deliberativos, parlamentarios y de activismo social lo que generó que hoy las mujeres encuentren en la política una opción de desarrollo profesional o público.

La interrupción social de las tareas sociales asignadas exclusivamente para las mujeres durante varias décadas, sufrió una severa modificación en cuanto que permitió derrumbar el mito de que la política es solo para un género.

Desde entonces, y aún cuando en algunos lugares del país el egoísmo político de los hombres para que las mujeres gobiernen, representen y legislen se encuentra muy acendrado, los nuevos roles sociales llegaron para quedarse.

Además de que la legislación en México es progresista respecto a  los derechos de las mujeres, en los propios espacios legislativos y de gobierno, los representantes populares barones confirman lo que piensan respecto a ellas.

En contrasentido, el senador de la República del PAN, Ismael García Cabeza de Vaca, en un momento de lujuria y de libido desbordado en plena sesión de la Cámara de Senadores, fue sorprendido en una conversación donde expresa el deseo de “zumbarse” a una chica, misma que debió salir a la luz pública para deslindarse de la acusación de ser una prestadora de servicios sexuales.

En sí, el senador solo evidenció su auténtica naturaleza. Quizá, no reveló nada nuevo en el paisaje de la desigualdad y de la hipocresia pública respecto a las mujeres.

La carencia de solidaridad fue absoluta y el repudio inexistente por parte de las legisladoras de Acción Nacional  por el actuar de un senador de la República. Nunca se le cuestionó públicamente y por consiguiente la acción de Cabeza de Vaca quedará sin sanción y mucho menos sin penalidad partidaria.

Ante su postura invisible, las panistas optaron por no encarar y callar ante la vileza de su compañero de bancada.

El desenfrenado progreso de la tecnología celular propició exhibir a un representante popular, que, en su tiempo de desdén parlamentario decidió chatear y confirmar que la igualdad de género no solo pasa por una norma, sino también, por un sentido de responsabilidad y de dignificación de la actividad política.

Y entonces, el camino para las mujeres es sinuoso y amenazado por la conducta moral de los barones, que violentan en lo político y social el derecho de trazar su propio trayecto.