Financiamiento a partidos: En una democracia desigual.

Publicado en Debate el sábado 19, agosto, 2017

 

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

Desde la instauración del modelo económico neoliberal en la década de los 80´s inaugurado por Carlos Salinas de Gortari, desde entonces, México vive un clima social desigual y excluyente.

El empobrecimiento de la población mexicana, a casi 30 años de aplicar la receta económica ungida en el llamado “Consenso de Washington”, propició una sistémica degradación de las condiciones de vida de millones de mexicanos.

Las cifras, de acuerdo con las entidades públicas como el INEGI, la estadística alcanza los más de 55 millones de personas en pobreza y con profundas carencias sociales.  El México del siglo XXI se distingue por la progresiva sustitución del Estado de bienestar por las políticas económicas privatizadoras.

Ante ello, a menos de un año de celebrarse los comicios presidenciales del 2018, la población mexicana acudirá a una elección bajo un escenario social desolador y con una incertidumbre fundada en las paupérrimas condiciones económicas, y ni que decir del lastimoso ingreso y la insustancial   generación de empleos.

Bajo este paradigma social, el sistema de partidos en México sucumbe ante los excesos y elevados presupuestos para el financiamiento de sus actividades políticas.  Es, por decir lo menos, cifras insultantes que exhiben a una élite política que actúa con rapacidad presupuestal.

En el 2018, los mexicanos acudiremos a un nuevo proceso electoral presidencial. La democracia mexicana, no solo vive un momento de duda, ante los pobres y desilusionantes resultados gubernamentales; sino, ante los excesos de un sistema de partidos que degrada el modelo democrático mexicano.

Sin duda, una de las mayores preocupaciones de la sociedad mexicana, deberá situarse en la eficacia de nuestra democracia, además, de los elevados financiamientos a las instituciones políticas, que pretenden garantizar un sistema democrático sustentado en un valor universal de la igualdad.

La pobreza como una condición contradictoria para el sistema de partidos y el modelo democrático mexicano, es ahora uno de los grandes desafíos para la credibilidad democrática en el país.

Los casi 24 años de creación del IFE (hoy INE), el gasto público a partidos y a la democracia no es sinónimo de seguridad social y bienestar para las mayorías.

Hoy una población excluida y marginal acudirá a votar en el 2018.

Y con una democracia costosa y sin demócratas.