La austeridad como promesa.

Publicado en Debate el viernes 14, septiembre, 2018

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

La promesa de austeridad de la república propuesto por el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, sorteará obstáculos y resistencias naturales de los grupos de poder político, enriquecidos por los excesos de un sistema gubernamental corrupto.

Desde ahora, el compromiso de reducir los onerosos gastos del quehacer de la política en el país, sufrió un primer revés en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República, donde no se logró eliminar incentivos económicos adicionales a las dietas de los legisladores federales. Y es probable que sea lo menos.

En sí, el ejercicio del poder en México, pasa por un tema de concepción y de praxis. Un político pobre es un pobre político, frase acuñada en los tiempos de la bonanza e impunidad de los regímenes del PRI y posteriormente acojida por los partidos de oposición.

Para una sociedad marginal y desigual, los altos costos erogados por un modelo democrático y representativo rebasado de legitimidad, exige que la moderación de los funcionarios públicos se traduzca en un hábito y en un costumbrismo cotidiano.

Desde luego, esta nueva forma de concebir a la política, hasta ahora ejemplificada por López Obrador, que se traslada en automóvil austero y sin un despliegue de seguridad en torno a él, podría inaugurar una nueva etapa pública de la nación, donde el espíritu de servicio genuino de los actores políticos y gubernamentales, propicien con sus actos mejores condiciones de vida para una población sumergida en la pobreza.

Más allá de una ley obligatoria y general en torno a la medianía salarial en la política mexicana, los ahora legisladores de Morena y los que integran la coalición legislativa en San Lázaro , deben propiciar inercias conductuales hacia adentro y afuera en torno a su desarrollo parlamentario bajo una perspectiva de austeridad auténtica.

Que el debate de fondo no es la reducción de las galletas, botanas y alimentos para los representantes populares, que en síntesis, la adquisición de esos productos alimenticios representan un mínimo del presupuesto anual. Quizá el tema pasa no por lo que se compra, sino por las cifras infladas para adquirir los servicios.

En suma, el desafío es  desmontar una cultura de la corrupción enquistada en las diversas esferas del gobierno.

En el proceso de austeridad republicana aún le resta un largo camino institucional y público. Las inercias y procedimientos de la clase gobernante para lograr los consensos en un agenda reformistas, como lo propuesto por Morena, pasaran por el ácido de la negociación y de otorgar  ciertos privilegios a los grupo de poder para que los propósitos se logren de forma tersa.

Los lujos, excesos y la frivolidad de los políticos mexicanos parece que llega  a su fin.

Aunque la austeridad pública debe traducirse en indicadores de bienestar de la población en un mediano plazo.

De lo contrario será solo demagogia y una promesa que incitará a la decepción social.