La izquierda en el capitalismo.

Publicado en Debate el lunes 26, febrero, 2018

 

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

La construcción de un amplio acuerdo entre los sectores de la sociedad mexicana implica la necesaria revisión del paradigma económico y cómo desde la izquierda se logrará constituir un modelo de mayor inclusión y distribución de los ingresos del país.

A unas semanas de iniciar las campañas presidenciales y donde los tres principales candidatos Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Mead y Ricardo Anaya, no explicitaron con claridad, respecto a la transición del sistema económico capitalista a uno menos desigual o menos injusto, para la inmensa mayoría de la población en México.

Si bien, México y como el resto de los países en vías de desarrollo, sus economías se encuentran tuteladas por los países del primer mundo, que, a partir de las recetas financieras de los organismos internacionales como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), han impuesto medidas económicas proclives a la privatización de los bienes públicos y la disminución del gasto a rubros estratégicos como la salud, educación y seguridad social.

Desde la década de los 80´s, México se incorporó al modelo económico neoliberal, donde y a partir de las acciones coercitivas para las economías emergentes por parte de los organismos supranacionales, han propiciado una profunda degradación social, el rompimiento permanente del mosaico social, así como el empobrecimiento y marginación de la población.

Los tres aspirantes presidenciales han evitado debatir con argumentos teóricos y conceptuales el modelo económico actual.  Quizá, han esbozado con vaguedad el contexto económico y las implicaciones de un sistema desigual. En el caso de López Obrador, ha externado políticas públicas encaminadas a mejorar la calidad de vida de la sociedad.

Entre otras cosas, ha planteado el mejoramiento de las pensiones de los adultos mayores, generación de empleo y becas para los jóvenes que se encuentran en un estado de inacción social.  Sin embargo, estas medidas, además de situarse en un marco electoral, aún son insuficientes para ampliar la discusión acerca del sistema capitalista y su reorientación en el gasto público.

En el caso de Ricardo Anaya y del PAN, como partido asociado a los grandes capitales económicos, expuso el Ingreso básico Universal, que pretende que todo mexicano perciba una cantidad dinero mensual, por el solo hecho de ser mexicano. Una medida que se asemeja a una política clientelar, sin que, hasta el momento, ni por atisbo, se haya estimado cambiar la ruta económica que los sexenios  panistas consolidaron.

En el PRI y José Antonio Meade, la pobreza y la marginación como activos electorales, no lograron colocar en la agenda política un nuevo planteamiento económico; algo diferente a la realidad de la sociedad mexicana, que, al momento, los observan como los autores de la catastrófica política económica del péñismo.

La izquierda como el motor teórico de la transformación en México, debe hacer un alto en el camino y revisar a conciencia sí serán solo matices de políticas públicas las que marquen la distancia entre un régimen y otro, o será un viraje económico radical, que termine con más de 30 años de opresión social.

El primero  de julio será el momento de repensar el sistema económico y el país de futuro.

El tiempo se agota.