La liberta de expresión en tiempos de transición.

Publicado en Debate el sábado 10, noviembre, 2018

En la imagen el presidente electo en rueda de prensa el pasado nueve de noviembre.

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

México transita por un proceso de alternancia en el poder político y de transición en el gobierno federal, a solo unas cuantas semanas que el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, asuma como como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Desde el otrora primero de julio, López Obrador asumió la agenda pública y política del país, como lo ha echo durante casi 20 años. Desde ese momento, Obrador catalizó los hierros y la corrupción  de Enrique Peña Nieto; una circunstancia, quizá, inducida por la magnitud del triunfo electoral, que en los votos se sostiene la legitimación, o tal vez, disminuir  la imagen pública del presidente convenía para contener el mal humor social del momento.

Pudo ser todo y nada a la vez. Lo cierto es que el político tabasqueño debe enfrentar de forma cotidiana a los medios de comunicación, prensa escrita y al periodismo digital. El marcar la agenda publica del país, el presidente electo ha sorteado toda serie de crisis mediáticas, alentadas por un cúmulo de intereses económicos y comerciales en donde se ostenta el mayor poder de la comunicación privada; la manipulación de la información.

Ante ello, López Obrador ha librado cada coyuntura informativa, sin minimizar, que ha registrado costos políticos, los ejemplos más emblemáticos, la cancelación del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México y desde luego el método de la consulta nacional.

 Apenas la semana pasada, la Revista Proceso presentó una entrevista de opinión con el constitucionalista Diego Valades, quien hace una crítica ácida y argumenta los escenarios posibles de Obrador como presidente en funciones, que lo llevó hasta presagiar el posible fracaso del próximo gobierno federal; este echo, desencadenó que el político tabasqueño utilizara el derecho de réplica, sin darle un sitio preponderante a la libertad de expresión, de un medio, caracterizado editorialmente con un sesgo de izquierda.

Pero además, propició que el manejo editorial y contextual del semanario fuera fustigado y criticado por los cercanos de López Obrador.

El asumir el protagonismo político de la vida pública nacional, Obrador se adentró a un laberinto de riesgo y dinamitado por las inercias de los poderes económicos, que hoy, se sienten amenazados de perder los privilegios que el poder sexenal les entregaba, a costa de la cobertura y de la docilidad editorial. acríticos y comparsas de regímenes rebasados por la impunidad y corrupción.

Hoy, Andrés Manuel López Obrador tiene la oportunidad de marcar una nueva era en la relación histórica entre los medios de comunicación y el poder, sin dejar de lado, que antes que entidades informativas que se constriñen a principios éticos y códigos periodísticos, son empresas privadas con fines evidentemente de lucro.

A días de asumir el poder federal, López Obrador no debe colocarse en un dilema que puede comprometer la unidad política del gobierno y la eficacia de sus resultados. sí estos, son manipulados, desde la información, por los medios de comunicación tradicionales.

El gran reto es afianzar la absoluta democratización y garantizar la libertad de expresión como fundamento de un régimen abierto a la crítica y con vocación democrática.

El enconarse en contra de los críticos, Obrador solo situará en una posición de “guerra” mediática a sus críticos que lo llevarán al terreno fértil de la especulación social.

Y esto a nadie conviene.

Ni al nuevo grupo político que está por gobernar.