Morelos y el Congreso.

Publicado en Debate el miércoles 18, octubre, 2017

 

Carlos Herrejón Peredo/ÁGORA DEBATE (I).

El Colegio de Michoacán

 

Al parecer quien primero tuvo la iniciativa de crear un congreso en este país a raíz de la crisis de la monarquía española fue el peruano fray Melchor de Talamantes en 1808. Luego Hidalgo en noviembre de 1810 aquí en Valladolid afirmó: “Hagamos un congreso …”. Ignacio Rayón estableció en agosto de 1811 una Suprema Junta Nacional Gubernativa, que no un congreso legislativo. Dicha Junta tenía poderes omnímodos y alguna que otra vez se le llama no sin confusión congreso.

En los Elementos Constitucionales, abril de 1812,  Rayón habla muy de paso, como de organismo distinto de la Junta, de un Supremo Congreso y de sus representantes que serán nombrados cada tres años por los ayuntamientos. En el artículo 21 se habla también de los tres Poderes y que el Legislativo tiene la soberanía como algo inherente e incomunicable. Sin embargo, no hay mayor especificación y de hecho la Junta ejerció los tres poderes Por otra parte, la Junta debería constar de cinco integrantes; pero comenzó sólo con tres y hasta casi un año después fueron cuatro, cuando asociaron a Morelos. Éste reiteradamente estuvo indicando a Rayón la necesidad de que se nombrara el quinto vocal para que se encargara de asuntos de justicia, que distraían mucho en las campañas militares. Incluso Morelos llegó a plantear que la Junta estuviera compuesta con representantes de todas las provincias u obispados del reino.

Rayón dio largas al asunto. Y Morelos decidió se convocara a representantes de la provincia de Oaxaca a fin de nombrar al quinto vocal. Para entonces los integrantes de la Junta se habían separado físicamente desde junio de 1812, cuando asociaron a Morelos, y acordaron ejercer cada uno en su territorio el mando supremo, lo cual no quedó bien definido respecto a las facultades del presidente de la Junta. Esto dio origen a la grave crisis de la misma cuando Rayón intervino en Michoacán, a lo que reaccionaron Berdusco y Liceaga declarando fuera de la ley a Rayón, quien contestó en forma similar, proscribiéndolos.

Así las cosas Morelos, que por entonces andaba en la campaña de Acapulco, propuso una reunión en Chilpancingo para deslindar responsabilidades. Ya para entonces el proceso de elección del quinto vocal en Oaxaca había avanzado y quedó electo Murguía. Pero entonces llegó otra propuesta: que en lugar de la Junta se creara un verdadero congreso con representantes de las provincias. El autor de la iniciativa era el licenciado Carlos María de Bustamante, quien luego de haber sido electo como elector para el ayuntamiento de México, sufrió amenazas del gobierno virreinal, huyó a Zacatlán y después a Oaxaca, donde ocurría el proceso de elección de quinto vocal. Ante las corporaciones reunidas con ese motivo el 31 de mayo de 1813 presentó su iniciativa, que fue asumida por la mayor parte y dada a conocer a Morelos, que estaba en Acapulco.

No tardó el caudillo del Sur en adoptar la idea del Congreso, pues parecía cortar de raíz la crisis de la Junta, con las ventajas de que se tendría personal suficiente para la administración de justicia y habría una mayor representación de las provincias; y sobre todo se introduciría la separación de poderes. Esto último iba muy de acuerdo a las ideas constitucionales que habían llegado a Morelos por diversos conductos, más precisas y completas que los Elementos de Rayón. Desde los días que pasó en Tehuacán Morelos había recibido impresos enviados por los Guadalupes, entre ellos la constitución de Cádiz, así como periódicos también gaditanos.

De tal forma Morelos, convencido de que la reforma de la Junta era ya imposible y que él, sin haber entrado en la desavenencia, contaba con el apoyo mayoritario de la insurgencia al punto de ser su líder más exitoso y reconocido, tomó la decisión de suprimir la Junta que había formado Rayón y de la que el propio Morelos era parte, convocando el 28 de junio de 1813 un Congreso que efectivamente fuera el Poder Legislativo.

Al poco tiempo previó Morelos el establecimiento del Poder Ejecutivo, ejercido por quien fuera electo como Generalísimo. Al efecto convocaba el 8 de agosto a toda la oficialidad de los ejércitos insurgentes de coroneles arriba para que en Chilpancingo votaran por el Generalísimo, eligiéndolo de entre los cuatro capitanes generales de la insurgencia. Esta iniciativa tomaba en cuenta, pero con importantes cambios, el artículo 37 de los Elementos de Rayón, donde habla del Generalísimo electo por oficiales de brigadieres arriba, entre los cuatro capitanes generales, pero no precisamente para ser el titular del Poder ejecutivo, sino para “los casos ejecutivos y de combinación”.

Pero la supresión de la Junta no implicaba el alejamiento del Presidente Rayón y los vocales desavenidos Berdusco y Liceaga. Morelos les propuso que se integraran automáticamente como los primeros diputados al Congreso, tomando en consideración que habían sido electos en agosto de 1811 por un grupo representativo de guerrilleros insurgentes de diversas partes del país. De tal manera el plan anterior de convocarlos en Chilpancingo para septiembre de 1813, a fin de deslindar y fincar responsabilidades en torno a la fatal desavenencia, se cambió por una solución al parecer más honrosa: continuarían como representantes de la insurgencia en un primer plano sin necesidad de sujetarse a nueva elección.

De todas formas esto aparecería como un castigo, pues de haber ejercido facultades omnímodas en lo militar, ejecutivo, judicial y administrativo en vastas regiones, ahora a los tres se les confinaría a una silla con el encargo preciso de hacer leyes sin tener otro mando, particularmente el militar. Berdusco, perseguido entonces por Rayón, acudió presuroso a Chilpancingo, mas no quedaría satisfecho con el recorte del poder que había ejercido. Liceaga se resistiría algo a la convocatoria de Morelos, mas acudió en [octubre de 1813]. Igualmente guardaría resentimiento por habérsele privado de mando.

Quien más se opuso a los cambios fue Rayón, que consideró la supresión de la Junta y su desplazamiento de la presidencia como un golpe de estado perpetrado por Morelos gracias a la prepotencia de sus bayonetas. Sin embargo se fue quedando solo: varios de los militares, subalternos directos de la Junta como Manuel Muñiz, se dirigían a Chilpancingo para concurrir a la elección de generalísimo, y desde antes uno de sus apoyos intelectuales, fray Vicente Santa María, se fue a Acapulco al círculo de Morelos vencedor. Otro, el periodista Andrés Quintana Roo también marcharía a Chilpancingo. De tal suerte Rayón evaluó su declive y a regañadientes, si no quería permanecer totalmente fuera de los círculos del poder, acudiría tardíamente a Chilpancingo, hasta principios de noviembre, esperando la ocasión de resarcirse desde la trinchera del Congreso soberano.

La insistencia de Morelos en el principio de la división de poderes se echa de ver en el Reglamento del Congreso decretado ya en Chilpancingo el sábado 11 de septiembre[1], sin duda el texto más importante de su pensamiento político, luego de los Sentimientos de la Nación, en orden al intento de crear un nuevo Estado Nación. Ambos constituyen la visión que de él se forjaba Morelos a corto y a mediano plazo; ya que el Reglamento no se reduce a cuestiones de formas y procedimientos, sino que se aboca a caracterizar los Tres Poderes y algo más. Se compone de una amplia exposición de motivos y de cincuenta y nueve artículos. Para la redacción de este reglamento Morelos contó con la asesoría de Andrés Quintana Roo.

Desde luego el Reglamento significa el remache del proceso de cancelación de la Suprema Junta iniciado en el mes de junio.

Mas consciente el caudillo que mal que bien esa Junta había sido reconocida en toda la insurgencia, comenzando por él mismo, establece en el art. 30 que los vocales existentes quedarán como diputados del Congreso, según dije más arriba, cumpliendo un periodo de cuatro años, a partir de su primer nombramiento, lo cual significaba que Rayón, Berdusco y Liceaga lo serían hasta agosto de 1815, representando a las provincias de Guadalajara, Michoacán y Guanajuato respectivamente. En los dos últimos casos era obvio, pues eran las demarcaciones en que habían ejercido el mando. En el caso de Rayón pudo haber sido porque ahí fue nombrado por Hidalgo Ministro del Despacho Universal.

Para los demás diputados su periodo también sería de cuatro años a partir de la inminente instalación del Congreso (art. 29), de manera que terminarían su gestión en septiembre de 1817, bien que podrían ser reelectos en forma. Pero de éstos habría solamente dos elegidos a partir de “la fuente pura del pueblo”: el de Oaxaca, José María Murguía, con su suplente Sabino Crespo, elección originalmente diseñada para el quinto vocal, pero transformada en elección de diputado, ya mencionada, del 3 de agosto. El otro electo en forma, por la provincia de Tecpan, fue José Manuel Herrera, elección que se llevaría a cabo en Chilpancingo el 13 de septiembre.[2]

Morelos había procurado que también se llevaran a cabo elecciones en las provincias de México, Veracruz y Puebla, territorios en que la insurgencia no dejaba de ser significativa.

[1] Hernández, Colección, VI, pp. 207-211. Lemoine, Morelos. Su vida revolucionaria, pp. 355-363.

[2]Lemoine, Morelos. Su vida revolucionaria, pp. 364-365. Hernández, Colección, VI, pp. 211-212. Bustamante, Cuadro histórico,  I, pp. 617-618.