Morena y los patriotas de la 4T.

Publicado en Debate el lunes 31, diciembre, 2018

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

Los principiadores de la gesta de independencia de 1810 llámese Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, y muchos más, no lograron rubricar la consumación de un país libre e independiente, ocurrido el 27 de septiembre de 1821.

Aquel episodio, que, por cierto México es el único país en iberoamérica con dos actas independentistas, concitó a un pacto político entre los criollos encabezado por Agustín de Iturbide, que puso fin a la guerra en el siglo 18.

Esta remembranza histórica nos remite al alto nivel de moralidad y patriotismo de los hombres y mujeres que se revelaron  al gobierno monárquico. Aquella epopeya mexicana dejó a miles de combatientes en el anonimato y en la absoluta marginación  en los anales de la historia mexicana.

A casi dos siglos de la consumación de la independencia criolla, México transita por un profundo proceso irruptor y de emancipación social con Andrés Manuel López Obrador y la prometida cuarta transformación nacional.

A lado de él, miles de mexicanos y mexicanas construyen los eslabones que dan solidez ideológica y un basamento político que estructure una dialéctica moral inexpugnable, ante las  permanentes amenazas del capital y del anquilosado modelo económico neoliberal.

Sin embargo, quienes lograron colocarse en el escenario ganador  de la elección del pasado primero de julio, con dificultades  han asumido la doctrina de la austeridad y de los tres grandes apotegmas del movimiento social de Morena: no mentir, no robar y no traicionar.

Desde el primero de diciembre México se adentró a un régimen basado en el genuino servicio del poder político para la ciudadanía. Con claros oscuros, López Obrador labra gradualmente una nueva nación, con una oposición debilitada sin mayores argumentos, solo irredentos.

Apológicamente el gobierno de Obrador sostiene la narrativa de una transformación de fondo y de raíz; con dos enemigos públicos comunes como lo son la corrupción y la impunidad. Ante el desafío que representa combatir ambos flagelos, el gobierno de México necesita mujeres y hombres con un amplio patriotismo y un pre claro sentido nacionalista.

Los hoy legisladores federales, diputados locales, alcaldes y gobernadores están bajo observancia de Obrador y de la sociedad mexicana que espera como resultado una pronunciada honestidad en su función y como resultado tangibles progresos en rubros como la rendición de cuentas, combate a la desigualdad y disminuir las cifras de impunidad.

Aunque Morena como partido ha promovido valores morales y políticos, antagónicos de los regímenes del pasado, la doctrina partidaria corre el riesgo de la inocuidad política. Si bien es cierto, que el presidente de México mantiene inamovible su posición respecto a terminar con la corrupción, hasta hoy, de forma sórdida recorre en el ambiente público la advertencia de no corromperse ni caer en las prácticas del pasado reciente.

El esfuerzo que emprenderá Obrador por reconstituir la vida pública de México durante el sexenio será una tarea compleja. Hasta hoy, nadie puede asegurar que durante el mandato de Obrador no se registre un acto de corrupción en la función pública.

Sería arriesgado advertir que la cuarta transformación no estaría excepta de posible sabotaje gubernamental o en su caso, de la complicidad que materialice un posible delito de corrupción.

Como Morelos e Hidalgo, México requiere de auténticos patriotas, que no solo sean producto de las  circunstancias políticas o que precedan los cargos públicos propiciado por las contradicciones sexenales.

El camino hacia la redención pública aún es muy largo.

Pero también la amenaza que descarrile la narrativa de la honestidad.

Los ejemplos se asoman y están ahí.