Obrador el candidato eterno.

Publicado en Debate el lunes 4, marzo, 2019

En la imagen el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador en Los Cabos.

ÁGORA DEBATE/Isidro Galicia.

Morelia, Mich. En el 2021 el presidente de México Andrés Manuel López Obrador estará en las boletas electorales en las elecciones intermedias. La revocación de mandato será el primer ejercicio democrático y de autenticidad en la participación política de la ciudadanía en el país.

Para sus adversarios es una mala noticia, pero a la vez, un escenario temerario promovido por el político tabasqueño. El paisaje electoral en México es movedizo, poroso y socavado por la corrupción política de partidos y candidatos. Un sistema electoral fundado en la desconfianza en las propias instituciones políticas y de gobierno.

En el 2021 Obrador acudirá a las urnas, como en otras ocasiones, bajo el presupuesto de que el electorado aprobará su gestión como el titular del poder Ejecutivo de la nación. Hasta hoy, nadie duda de que el proyecto de la transformación viaja por aguas tersas, sin alteraciones ni nada que modifique la ruta política trazada por Obrador.

La oposición política se hace marginal, se extravía en los artificios, en la diatriba y en el simplismo de la coyuntura. Un PAN solo irredento y sin argumentos sólidos que comprometan la credibilidad y confianza de un López Obrador indómito ante las someras críticas. Un PRI soterrado como fuerza partidista y bajo el riesgo de recrudecer su descenso como una opción política para los mexicanos.

Sin contrapesos, López Obrador será nuevamente candidato y avalado su desempeño como presidente de México. PRI y PAN no representan los necesarios equilibrios en el poder. Quizá la aparición de nuevos actores protagónicos y legítimos en la vida nacional, podrían constituirse como verdaderos opositores al régimen de Obrador.

Sin embargo, el presidente de México construyó una legitimidad de hierro. Hasta ahora, la decadente herencia de los gobiernos neoliberales ha sido el ingrediente neurálgico para tener una oposición de rodillas. Incluso, a pesar de las decisiones más controvertidas asumidas por el gobierno de México, no ha significado una amenaza para los niveles de aprobación de Obrador.

En suma. en el 2021 el presidente de México acudirá a las urnas sin nubarrones o tormentas políticas que presagien un resultado distinto o que pongan en tela de juicio lo hecho en tres años en el gobierno. La campaña de Obrador es permanente, ininterrumpida y monopolizando los espacios de la deliberación pública.

En tanto, será una oportunidad para la oposición de recuperar terreno, de ganar espacios legislativos y de concurrir a un escenario ideal para la acusación fácil. Los próximos años no serán tiempos de equilibrios en el poder. Ante partidos opositores sin prestigio y defenestrados por amplios sectores del país, urgirá nuevos protagonistas sociales que sostengan la pluralidad y la democracia en México.

Mientras López Obrador se presentará ante la ciudadanía como ahora, sin comprometer su credibilidad y la confianza otorgada por los electores el año pasado. Ciertamente, en política los tiempos se acortan y los escenarios son cambiantes. Pero hasta hoy, como dijera el presidente “no le han podido quitar una pluma a mi gallo”.