Obrador  y el temor a las urnas.

Publicado en Debate el martes 29, mayo, 2018

En la imagen AMLO en su gira por el Oriente de Michoacán.

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

Casi ochenta años separan a México del primer gobierno socialista encabezado por el general Lázaro Cárdenas del Río en el silgo XX.

Un proyecto nacional y un programa de gobierno popular donde la defensa de la soberanía, la autodeterminación política y la acentuada identidad forjaron el legado del Cardenismo contemporáneo.

Un régimen creador de instituciones gubernativas, sindicales y educativas. Y el logro más simbólico de aquel gobierno fue la nacionalización de los yacimientos de crudo.

En la actualidad, México y su sociedad se debaten entre dos proyectos ideológicos. Uno tendiente a la liberalización de la economía y protector de los capitales privados, y otro, el de  la recuperación de una economía social,  sustentada en la redistribución de incentivos para el fortalecimiento del mercado interno.

En tiempos electorales, Andrés Manuel López Obrador se coloca como el candidato irruptor de la continuidad del modelo actual; un esquema de empobrecimiento de amplios segmentos sociales del país y de la rampante desigualdad que fragmenta el tejido social y lo desequilibra.

El modelo neoliberal en América Latina y en México construyó en la representación colectiva de la ciudadanía amenazas apológicas.

La propaganda sucia distorsionó y devastó cualquier opción social de cambio terso desde lo electoral. Lo colocó como un fantasma destructor del progreso, la estabilidad y la hipotética riqueza de la población.

Ese ha sido el propósito,  proteger desde los Estados-Nación un modelo de empobrecimiento a cambio de la concentración de las riquezas en minorías privilegiadas.

El 2018 México debe sortear disyuntivas históricas.

El derrumbar mitos construidos desde el poder político que genera rechazo social infundado, motivado por una era de la desinformación  y de la manipulación gubernamental.

Y dos, acudir a las urnas de forma libre.

Como un férreo defensor de un proyecto nacionalista, Andrés Manuel López Obrador en dos meses de campaña ha logrado algo inusitado, desmitificar el miedo y la amenaza de la población de su causa.

Cierto son tres elecciones presidenciales, pero ello, no ocurrió en el 2006 y 20012, donde fue avasallado con ruindad por la guerra sucia y en complicidad de una minoría económica.

Como Cárdenas el candidato de la Coalición “Juntos Haremos Historia” le corresponde la reconstrucción del país, reconciliar los sectores y unificar los objetivos en torno a un proyecto nacional.

El próximo Primero de Julio puede ser histórico, pero también de cambio.