Obrador y la ilusa luna de miel empresarial.

Publicado en Debate el miércoles 25, julio, 2018

En la imagen Gerardo Gutierréz Candiani del Consejo Coordinador Empresarial y AMLO.

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador logró algo impensado tras los comicios presidenciales, la conciliación con los empresarios del país.

Los enemigos de la izquierda presagiaban una ruptura económica y una crisis mayúscula ante el eventual triunfo del tres veces candidato presidencial.

Desde la campaña presidencial, los dueños del dinero en México marcaron su posición frente a Obrador. La resistencias, la aversión y la desconfianza al proyecto de la Coalición fue evidente.

Como una pequeña oligarquía que defiende sus intereses, los empresarios optaron por tolerar la dureza de la transición política. Aceptaron la derrota de sus candidatos.

A poco más de cuatro meses de toma del poder por Obrador, el largo periodo de cambio se encuentra en un intervalo político, donde hasta hoy la moderación de Obrador frente a la élite empresarial, le permitió ganar estabilidad y confianza frente a estos, y desde luego tranquilizar a la comunidad financiera  internacional.

No obstante, este periodo de gracia entre el presidente electo y los empresarios mexicanos, tendrán que sortear los embates de las propias posturas radicales de los partidos aliados a Obrador.

A partir del primero de septiembre, los legisladores en el  Congreso de la Unión, marcaran sus propias agendas legislativas y darán prioridad a los compromisos de campaña y darán cuenta a sus electores.

Si bien, Obrador cuenta con una primera mayoría como partido político en ambas Cámaras, más no con una mayoría constitucional,  las posturas antagónicas entre los grupos de izquierda dogmáticos y los empresarios, será el comienzo de la tensión y la ríspida relación entre ambos por eliminar los privilegios empresariales y otros por defenderlos.

La elusión y evasión fiscal y la revisión del atraco histórico nacional del FOBAPROA, serán temas que estarán latentes en el Congreso de la Unión, y donde Obrador deberá caminar a lado de la agenda de la Coalición.

O en su caso, mantener una tersa relación con los empresarios del país a costa de dividir las fuerzas de izquierda en temas torales para la nación.

La luna de miel se mantiene intacta por el momento.

Los intereses en juego aún no están en el debate nacional ni en la agenda de los partidos aliados.

La cuestión será sí Obrador logrará los consensos que le permitan equilibrar las posiciones políticas o moderar a los aliados frente a los empresarios mexicanos.

El cambio de régimen implica imponer una nueva visión de país y donde la economía será un factor determinante para la inmensa mayoría de la población empobrecida y marginada.

El poder real en México aún no está en disputa.

El amor entre Obrador y los empresarios estará en vilo.

Será cuestión de tiempo.