Obrador y oxigenar a la oposición.

Publicado en Debate el lunes 17, diciembre, 2018

 En la imagen el presidente Andrés Manuel López Obrador encabezó el arranque de las obras de Rehabilitación de las vías férreas Palenque-Escárcega, donde se construirá el Tren Maya.

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

Andrés Manuel López Obrador determinó gobernar sin arreglo político alguno, ni sustraerse del activo social que sostiene al movimiento del presidente de México: El pueblo.

Desde el primero de diciembre, López Obrador trazó su perspectiva personal de la política y del gobierno. Hasta hoy, el resultado es que el tabasqueño consolida la confianza de la gente en sus decisiones públicas.

Pese al descalabro político registrado en la Cámara de Diputados para Morena, al no avanzar la ley que eliminaría el fuero constitucional por no contar con una mayoría calificada, este echo solo denotó que para gobernar se requiere de la oposición.

Sin intermediarismos institucionales o políticos, el jefe del Ejecutivo federal colocó un escenario entre los poderes formales de la nación y la población, donde el presidente de México es el único interlocutor confiable para amplios sectores de la sociedad.

No obstante, de los aciertos políticos de mantener el contacto con la ciudadanía, de trasladarse en aviones comerciales y alentar una república austera, lo cierto, es que Obrador tendrá que arar el terreno democrático mexicano para consolidar una presidencia popular, sin derruir el diálogo constructivo con los adversarios del régimen.

En términos de poder, la sociedad aún tiene límites políticos, salvo en tiempos de elecciones donde tiene la posibilidad de ejercer un derecho constitucional como lo es el de votar. Aunque su incidencia puede trascender más allá de la propias urnas y elecciones, y que se experimentó el pasado primero de julio, todo bajo ciertas circunstancias.

Bajo ese contexto, López Obrador no solo requiere una mayoría calificada en la Cámara de Diputados, sino también, trazar un firme camino de nuevos aliados que sumen a la consecución de la agenda del presidente y de Morena para alcanzar la cuarta transformación nacional prometida.

Con una agenda radical, como lo comprometió durante la campaña presidencial, el endurecimiento político de Morena y de su fundador hacia la oposición llámese PAN y PRI, y un PRD reducido a una figura testimonial, necesariamente debe construir escenarios aliancistas que consoliden un auténtico régimen democrático.

Con una oposición reducida a reclamos, artificios políticos y diatriba partidista, el presidente de México en su periplo gubernamental avanza sin resistencias hacia el respaldo popular unánime. Como un símbolo que destronó los excesos del poder y del viejo régimen aún actuante, Obrador tiene un amplio margen para gobernar sin la oposición.

Pero en ciertos momentos, la construcción de una nueva república no solo se requiere al partido gobernante, también, a los actores disidentes que legitiman el debate y la oposición misma.