Silvano y el fracaso del Michoacán bronco.

Publicado en Debate el martes 10, abril, 2018

 

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

Silvano Aureoles Conejo consumió en menos de tres años su bono de legitimidad y gobernabilidad política.

Los grupos de presión social como la CNTE de la Sección XVIII, el movimiento indígena y el crimen organizado, se colocaron en una posición protagónica respecto a la esfera gubernamental, lo que propició debilitar la agenda de la autoridad estatal.

La frivolidad y soberbia para gobernar del mandatario y de su equipo político, acentuaron las condiciones caóticas en lo social y económico.

La “ventana de oportunidad” que significó para los michoacanos que Silvano Aureoles llegara al Poder Ejecutivo estatal, hoy, ante los resultados desoladores en materia de seguridad pública, la mínima confiabilidad en el gobierno y la ineficacia para garantizar la gobernabilidad en diversos puntos de la entidad, colocan al gobernador michoacano en un escenario de abierto fracaso.

Cierto, que aún le resta poco más de un tercio de gobierno; sin embargo, los resultados obtenidos perfilan a una administración que es incapaz de redireccionar las decisiones políticas y el asumir una postura autocrítica para reconocer las equivocaciones desde el gobierno.

Errores que arrojaron los muertos de Arantepácua y la represión permanente en contra de los movimientos sociales; así como el desplazamiento de las autoridades formalmente constituidas por los grupos del crimen organizado, quienes dominan los territorios y los gobiernan azolando  a la población.

Para sus opositores, el sexenio de Aureoles se encuentra  agotado y sin capacidad de respuesta ante los desafíos de Michoacán.

En pleno proceso electoral, Silvano Aureoles tira sus cartas.

Sus escenarios políticos de redujeron a mantener el control de la parcela política llamada Michoacán,tras la fallida pretensión de ser el “candidato presidencial” por la antitética Coalición del PAN y PRD.

Desde ahora, Silvano lanza guiños a sus opositores políticos. Manda candidatos a fines y leales a su persona para ganar diputaciones federales y locales, a través de otros partidos políticos.

Y teje con la oposición, la configuración de bancadas serviles en el Congreso local, con el propósito de garantizar una legislatura cómplice y aliada de los excesos del gobernador.

Sin duda, Silvano Aureoles dilapidó su presupuesto político. El margen de gobernabilidad se encuentra al límite. La frivolidad como regla gubernativa, amenaza con profundizar los desequilibrios sociales y políticos en el estado.

El 2018 puede ser un punto de quiebre para Michoacán y para las pretensiones de Silvano Aureoles.

Donde podría despertar el Michoacán bronco ante el fracaso de un gobierno y de una ilusión retórica llamado el nuevo comienzo.

Pues amenazante la decadencia política se asoma en el horizonte silvanista.

En un periodo marcado por la impunidad y desdén para gobernar por los michoacanos.