Un frente sin timón.

Publicado en Debate el jueves 5, octubre, 2017

 

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

En las democracias modernas, el ingrediente de las mayorías es una condición sine qua non para la gobernabilidad política, incluso, indispensable para una alternancia en el poder consensuada.

El Frente Ciudadano por México- PRD, PAN Y MC- se encuentran en una abierta fase de desorientación procedimental; es decir, el barco navega sin timón y en aguas que generan más dudas que certezas.

Aunque su aparición pública propició una expectativa promisoria para el país, con el paso de las semanas, el frente se postró en un interregno de aislamiento político, lejos de los aspirantes y más lejos de los ciudadanos.

La contradicción de su naturaleza confunde a los electores y a sus militantes. Aunque su matiz semántico central refiere a los ciudadanos, al menos hasta hoy, son actores protagónicos de papel y solo en el discurso.

Los dirigentes del PRD, PAN y MC se encuentran en un laberinto suspicaz y ventajoso. En medio de un acertijo político que solo adereza ingredientes de desconfianza entre los aspirantes presidenciales.

Será cuestión de tiempo para la ruptura consensual entre los actores del Frente Ciudadano por México, al menos de los aspirantes más visibles.

Hoy, la división de opinión se acentúa en el lenguaje, discurso y actos de los aspirantes frentistas, que empiezan a manifestar descontentos e impaciencia.

Mientras el barco ciudadanizado se agrieta, el laboratorio político aliancista se encuentra en un periodo de tensión y de sospechas fundadas.

La regla de las mayorías, parece no coincidir con el propósito original del multipartidismo del Frente Ciudadano.

El comportamiento político de sus dirigentes, Alejandra Barrales (PRD), Ricardo Anaya (PAN) y Dante Delgado (MC), está muy lejos de abanderar una causa electoral genuina y de la sociedad.

A diez meses de celebrarse los comicios del 2018, la navegación del Frente Ciudadano por México se encuentra en un profundo dilema democrático.

Sostener las prácticas oligárquicas históricas de los partidos, o acudir al encuentro de las mayorías electorales, que permitan la construcción paradigmática de la democracia mexicana, a partir de un amplio consenso electoral.

El sistema mayoritario que promueve el frente se reduce a una minoría, que vulnera los principios elementales de una democracia eficaz y confiable.  Pretender ganar la presidencia de la República sin la participación de los muchos, es colocar en el centro los intereses de unos cuantos, por encima de las mayorías.

La contradicción se naturaliza y el frente se debilita.

El naufragio amenaza a la coalición.