Una elección histórica.

Publicado en Debate el sábado 30, junio, 2018

 

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

La probable derrota del PRI en la elección de  este domingo, en sí misma no solo significaría una nueva transición en la democracia mexicana.

Mover las anquilosadas estructuras gubernamentales, políticas y económicas dominantes por casi un siglo, es desajustar una forma de concebir la vida pública de México.

Durante años, la sociedad acompañó los procesos políticos y electorales bajo axiomas  nacionalistas, que desembocaban en  prácticas autoritarias,  por la protección  impune de la continuidad de un partido en el poder.

Sin resistencias colectivas, con legitimaciones inducidas y consensos impuestos desde el poder,  forjaron la apatía y el alejamiento de la ciudadanía  en el quehacer público y de sus propias implicaciones.

El desdén social por la cosa pública fortaleció a las élites políticas, la trasladó a un estado de infalibilidad dominante que canceló  la construcción de una auténtica democracia.

La elección de mañana domingo encierra simbologías profunda y de un cambio radical de los estamentos políticos nacionales.

Es, por decir lo menos, el fin de una era de abuso del poder público.

Aunque nadie garantiza que la transición  gubernamental que estamos por presenciar será exitosa, lo cierto es que el consenso social es unánime: el cambio de régimen es irreversible.

De confirmarse el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador y de la Coalición Juntos Haremos Historia,  el proceso de cambio deberá sustentarse en propósitos comunes.

La colectivización de los desafíos sociales, la incorporación de la sociedad en  el desarrollo y la pacificación  del país, deberán mostrarse como ejes rectores de una nueva visión gubernamental.

Pero más allá de un acto de sufragar, los electores elegirán entre el desmontar el régimen de exclusión a uno que transite hacia la pluralización  política que garantice un gobierno con auténtica democracia.

La alternancia en el poder sintetizará la culminación de un siglo de ignominias, impunidad y corrupción como signos de un modelo de gobierno fallido.

A partir del primero de julio México no será el mismo.

La recuperación de un estado de bienestar, de inclusión y de una justa distribución de la riqueza determinará el arquetipo de país que se construirá con los ciudadanos hacia el futuro.

La jornada electoral de mañana domingo será histórica.

Un nuevo periodo de construcción política y democrática nacerá, aún con los profundos desafíos que serán las amenazas latentes  para la consolidación de un cambio con certidumbre.

Por vez primera México tendrá la oportunidad de elegir para darle a la nación un rumbo y un sentido de transformación.

Las urnas son la vía,  el voto la oportunidad.