Verdad y ética A propósito de Arantepacua

Publicado en Debate el viernes 7, abril, 2017

Isidro Galicia Ramos/ Ágora Debate

En medio de la confusión deliberada, de la parcialización de los hechos y de la consigna oficial de maquillar y aderezar editorialmente los sucesos, entra un tema central en el desarrollo profesional de los comunicadores y periodistas, la deontología de la información. Los parámetros idóneos para el ejercicio ético de la generación informativa y de contenidos en un contexto democratizado, o en su caso, de censura gubernamental.

El progresismo social de otras latitudes, como occidente, existe un serio compromiso moral con la verdad y el ejercicio del periodismo. Las normas éticas, un conjunto de valores sociales, que se traducen como el modo de ser a través de los actos y hábitos ciudadanos. Y es aquí, donde inicia el periplo de la verdad. El camino sinuoso para todos aquellos que, desde la redacción, el análisis y la valoración, deciden mostrar el lado crítico de lo público.

Si bien, en medio de la madeja de confusión de la información, de la descontextualización de los hechos, de la creación de las atmosferas editoriales para posicionar la verdad oficial, se enfrenta a un principio de la idea de la razón pública, un término de liberalismo político.  Es aquí, como un actor social, la sociedad demanda una democracia sólida, pero que, además, permita la consolidación de la justicia, la transparencia y la verdad de los asuntos públicos.

En Michoacán el deber o los deberes del periodismo, se sitúan en un espacio restringido para la verdad, al menos, en los territorios del poder y del gobierno. Desde ésta parcela de control editorial, y bajo la poderosa influencia de los compromisos  con la autoridad, se consolida un fenómeno de la censura, de la amenaza y de la violación de un precepto constitucional de la libertad de expresión.

La verdad y la ética son simbióticos. No puede existir una sin la otra. Los hechos que hoy se encuentran como eje editorial y en la opinión pública de la sociedad, no se superará ni olvidará, a partir de la desinformación y la manipulación de los hechos. Ni la agenda gubernamental, que, como papeleta, pretenden esconder una realidad y subyugar, nuevamente, a la verdad. Casi siempre la sacrificada.