Obrador el opositor.

Publicado en Otros el sábado 17, febrero, 2018

 

Isidro Galicia/ÁGORA DEBATE.

A Andrés Manuel López Obrador se le ha acusado de denuesto a las instituciones política del país. De incitar a la violencia social y de socavar a la vida “democrática”. En suma, “Un peligro para México”.

Desde la campaña de desafuero en el 2005, donde el Estado mexicano lanzó una embestida legal y política en contra de Obrador, se confirmó que el tabasqueño sería por definición el opositor del régimen mexicano.

Ya durante la campaña presidencial del 2006, los artificios publicitarios y la guerra sucia, fueron los activos electorales de la derecha panista, los que amedrentaron a los votantes al infundirle temores injustificados de forma vil.

Con la polarización ideológica de aquella elección, los resultados electorales no fueron aceptados por Obrador y por un amplio segmento de la sociedad mexicana. Una elección controversial por sus formas y por el diminuto porcentaje de votos entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador.

La elección y el gobierno calderonista arrastraron el estigma del “fraude”.

Tras conocer la devastación social que arrojó el régimen de Felipe Calderón al emprender una hipotética “guerra” contra el crimen organizado, los resultados son de todos conocidos.

Durante el sexenio panista, Obrador mantuvo su posición crítica ante los desaciertos de un gobierno que incitó a la violencia pública y colocó en la agenda nacional la criminalización como eje gubernamental.

Un sexenio categorizado como el de la “muerte”.

Llegaría en el 2012, ante un nuevo adversario construido de forma telegénica y detrás de él un grupo de poder económico denominado “Atlacomulco”. La consigna era imponer a Enrique Peña Nieto como presidente de la República.

Ante una de las elecciones más caras de la historia de México, Peña Nieto logró “vencer” a López Obrador. En una elección plagada de irregularidades y de una profunda coacción electoral a la población.

Un sexenio que se construía a base de la cooptación y sometimiento político a los opositores, y particularmente de la izquierda del PRD, apareció el gran escándalo de la “Casa Blanca” que propinó un golpe de ilegitimidad al régimen peñista.

La corrupción como mal endémico del gobierno y de las instituciones, colocó a Obrador de nuevo en la escena política como un indómito opositor.

Lo situaron en una “oportuna” posición anti sistémica y que hoy lo ubican en la antesala presidencial.

México y su periplo democrático, se encuentran lejos de construir una cultura de participación política, donde los equilibrios y opositores siempre serán necesarios en un régimen democratizado.

Y donde Obrador por definición es el opositor.