¿Alcaldes cómplices o víctimas?.

Publicado en Pública el sábado 22, julio, 2017

 

Isidro Galicia/ÁGORA PÚBLICA.

Por décadas Michoacán ha sido un estado en continuo conflicto por el dominio territorial de las células del crimen organizado.

En el pasado reciente, el estado vivió uno de los periodos más caóticos y críticos en la vida política de los municipios michoacanos.

Hoy, nuevamente los ayuntamientos y sus alcaldes se encuentran en la disyuntiva de “cooperar” o no con los grupos dominantes de las regiones o de las propias localidades.

El camino inmediato de los presidentes municipales es “atender” los llamados o mensajes de quienes se ostentan como la organización delictiva dominante en el municipio.

De lo contrario, los alcaldes verán amenazado su entorno político, económico, familiar y hasta su vida.

Ante la vulnerabilidad de la institución procuradora de justicia y de prevención de los delitos en Michoacán, los alcaldes optan por la “negociación” y el financiamiento voluntario para la célula absoluta del lugar.

La reedición de esta historia no es nueva. Michoacán y sus estructuras municipales se encuentran bajo amenaza.

La reconstitución de células criminales es el resultado de la complicidad secreta de autoridades de los diversos niveles de gobierno.

De los vacíos de poder, que permite a los grupos delictivos situarse en el espacio de las decisiones locales, y suprimir funciones que le competen a la autoridad.

De entregar de facto la vida social, económica y cultural de los pueblos, a las expresiones delictivas que objetivan sus alcances a través del dominio, la amenaza y la violencia.

Al momento, la instrumentación de medidas para contener la invasión criminal en la vida institucional de los ayuntamientos ha fracasado.

Las acciones del mando unificado, por ejemplo, pulverizó la proximidad y la escasa confianza de la ciudadanía en las corporaciones policiales locales; un proyecto con profunda inoperatividad institucional.

Los alcaldes ejercen sus funciones y atribuciones en la orfandad política. Sin las garantías mínimas para contener la inseguridad.

Los alcaldes michoacanos empiezan a vivir horas de miedo.