Duarte: El vilipendiado

Publicado en Pública el domingo 16, abril, 2017

 

Isidro Galicia/ Ágora Pública

Ante la detención de Javier Duarte, exgobernador de Veracruz, hoy es el personaje más indeseable en el PRI. Alguien que defraudó la confianza del partido que lo nominó a la candidatura a gobernador y que lo protegió durante su mandato. Su aportación millonaria a la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en el 2012, fue insuficiente para otorgarle la inmunidad legal y política, debido a la sobreexposición pública de los excesos de un gobierno, que, construyó un imperio financiero  a costa de la corrupción.

La historia de Duarte no es producto de un país sin leyes. Es  consecuencia de la  tolerancia y permisibilidad de un partido que ve en la corrupción una conducta habitual y hasta cultural de la sociedad mexicana. Un camino para el enriquecimiento fácil e inmediato. Como la de Duarte, se podrían escribir muchas historias más. Sin embargo, Duarte fue un caso que catalizó y mediatizó la Casa Blanca de Peña Nieto, que encapsuló el escándalo de corrupción del presidente. Que lo sepultó.

En el pasado, Duarte fue útil al sistema y a las necesidades inmediatas del régimen. Su aportación económica a la campaña de Peña Nieto, a costa del erario de los veracruzanos, le permitió un trato obsequioso del entonces candidato y posteriormente del presidente de la República. ¿O acaso, Los Pinos, Gobernación y Hacienda ignoraban de la actuación de Duarte en Veracruz? El Simbolismo de la corrupción que entraña Duarte, es hoy, el personaje idóneo para exhibir una conducta delictiva en lo individual, no la de un partido, y así absolver de responsabilidades al PRI.

Duarte, a partir de su detención, será mostrado por el PRI como alguien indeseable y ajeno  a los principios partidarios, de hecho ya fue sojuzgado en lo mediático. Que exigirán sea juzgado sin cortapisas. Castigado ejemplarmente para que estos hechos no se repitan. Será el discurso de vindicación de un partido que en los hechos solapa actos de corrupción. Y más aún, que pretende  ganar en credibilidad política.  Los resortes del sistema político mexicano se construyeron desde las cañerías de la opacidad.  Del sub mundo de la trampa y la mentira para la conservación del poder político.

Ese es el PRI. El que gobierna en la contradicción  y la manipulación. El que irradió de su naturaleza de la corrupción a la sociedad.  El que pacta la ley y negocia la impunidad.  A pesar de su longevidad como partido, el Revolucionario Institucional no aprendió la lección.  Con la detención de Duarte, lo mínimo que espera la sociedad mexicana, es que se investigue a fondo la red de corrupción en torno al gobierno de Duarte, porque un imperio financiero no se construyó con la sola voluntad del hoy inculpado.  En Veracruz la corrupción se compartió y muchos se beneficiaron de ella.