El rasgo del autoritarismo

Publicado en Pública el miércoles 8, marzo, 2017

Redacción/ ÁGORA POLÍTICA

 El no debate es una condición cultural que se impone de manera deliberada en los asuntos públicos y políticos. De forma inercial y quizá hasta con cierto grado de inconciencia, los ciudadanos optan por no involucrase sobremanera en temas de orden político: renuncian a la deliberación política como mecanismo de construcción democrática.

El régimen político, en sus usos y costumbres, tienden a bajar la cortina del debate y de la confrontación de las ideas políticas. Más aun, cercenan el debate como medida para polarizar los temas de la agenda pública. Aunado a ello, la cultura del no debate, pareciera ser una condición sine qua non para salir airoso de una negociación que propicie beneficios o canonjías.

El autoritarismo político se mantiene intacto. El embrión antidemocrático se fortalece en las propias instituciones públicas. Desde la caída del régimen priista tras 70 años en el gobierno federal en el 2000, se avizoraba un periodo de mayor apertura democrática, en los hechos esto no sucedió.

El retorno del PRI al gobierno de la República, instauró nuevamente las formas y los modos de imponer sus intereses, por encima de los intereses de la sociedad. El ejercicio manipulado del Pacto por México, significó un mecanismo de control político, pero, además, un esfuerzo por sostener una visión de país, excluyendo las posturas de la oposición o de las minorías partidistas.

De acuerdo a un análisis de Latinbarómetro 2016, en México los ciudadanos optan más por el orden, que por una sociedad que respete los derechos y libertades de los ciudadanos. Al respecto, el 57 por ciento de la ciudadanía prefiere mano dura en la gobernanza, aunque disminuyan las propias libertades públicas.

El riesgo de la pérdida sistemática de la libertad para elegir y decidir dese lo político, pasa por un tema de confrontar en lo público los temas de mayor interés para una sociedad. El rasgo del autoritarismo político, se confunde entre la narrativa sospechosa del consenso y la propia negociación parlamentaria.

México transita entre las prácticas democráticas y en los alientos autoritarios. Ante una sociedad que entiende su papel de actor protagónico y de observador de la gestión pública de los gobiernos y los gobernantes. Más que nunca,  el debate debe verse como el detonante de la interacción social en la vida pública, como una nueva cultura que aliente una democracia participativa.