Las ruinas de México: Poema José Emilio Pacheco.

Publicado en Pública el jueves 21, septiembre, 2017

 

Redacción/ÁGORA PÚBLICA.

Miro la tierra, aíslo En mis ojos, atento, una pulgada. ¿Qué desconsolador, feroz y amargo Lo que acontece en ella! Rafael Alberti El otoño, otra vez (1975)´

 (Lo que sigue es un fragmento de Las Ruinas de México, poema elegíaco de incluido en el libro “Miro la tierra”, publicado en 1987)

1 Absurda es la materia que se desploma, la penetrada de vacío, la hueca. No: la materia no se destruye, la forma que le damos se pulveriza, nuestras obras se hacen añicos.

2 La tierra gira sostenida en el fuego. Duerme en un polvorín. Trae en su interior una hoguera, un infierno sólido que de repente se convierte en abismo.

3 La piedra de lo profundo late en su sima. Al despetrificarse rompe su pacto con la inmovilidad y se transforma en el ariete de la muerte. 2

4 De adentro viene el golpe, la cabalgata sombría, la estampida de lo invisible, explosión de lo que suponemos inmóvil y bulle siempre.

5 Se alza el infierno para hundir la tierra. El Vesubio estalla por dentro. La bomba asciende en vez de caer. Brota el rayo en un pozo de tinieblas.

6 Sube del fondo el viento de la muerte. El mundo se estremece en fragor de muerte. La tierra sale de sus goznez de muerte. Como secreto humo avanza la muerte. De su jaula profunda escapa la muerte. De lo más hondo y turbio surge la muerte.

7 El día se vuelve noche, polvo es el sol, el estruendo lo llena todo.

8 Así de pronto lo más firme se quiebra se tornan movedizos concreto y hierro, el asfalto se rasga, se desploman la vida y la ciudad. Triunfa el planeta contra el designo de sus invasores.

9 La casa que era defensa contra la noche y el frío la violencia de la intemperie, el desamor, el hambre y la sed, se reduce a cadalso y tumba. Quien sobrevive queda prisionero en la arena o la malla de la honda asfixia.

10 Sólo cuando nos falta se aprecia el aire, cuando quedamos como el pez atrapados en la red de la asfixia. No hay agujeros para volver al mar que era el oxígeno en que nos desplazamos y fuimos libres. El doble peso del horror y el terror nos ha puesto fuera del agua de la vida. Sólo en el confinamiento entendemos que vivir es tener espacio. Hubo un tiempo feliz en que podíamos movernos, salir, entrar y ponernos de pie o sentarnos. Ahora todo cayó. Ha cerrado el mundo sus accesos y ventanas, Hoy entendemos lo que significa una expresión terrible: sepultados en vida.

11 Llega el sismo y ante él no valen las oraciones ni las súplicas. Nace de adentro para destruir todo lo que pusimos a su alcance. Sube, se hace visible en su obra atroz. El estrago es su única lengua. Quiere ser venerado entre las ruinas. 4

12 Cosmos es caos pero no lo sabíamos o no alcanzamos a entenderlo. ¿El planeta al girar desciende en abismos de fuego helado? ¿Gira la tierra o cae? ¿Es la caída infinita el destino de la materia? Somos naturaleza y sueño. Por tanto somos lo que asciende siempre: polvo en el aire.

Fuente: Pacheco, José Emilio, Tarde o temprano. Poemas 1958 – 2009, Fondo de cultura económica, México DF, 2009