Mireles: La liberación.

Publicado en Pública el jueves 11, mayo, 2017

Isidro Galicia/ ÁGORA Debate

Todos o casi todos olvidamos el contexto de los hechos. Un Michoacán crítico en materia de seguridad, un comisionado que actúo como un pequeño dictador y una clase política temerosa a las decisiones del enviado del presidente. Que Mireles obtenga su libertad es un acto de justicia, una vindicación a las causas genuinas de una población que se armó y confrontó a las células criminales del estado, ante la extraña complacencia institucional.

Aquello es historia. Hoy, Michoacán está mejor que ayer, pero aún incierto ante el resurgimiento de pequeñas células criminales que amedrentan, coaccionan y amenazan a los sectores estratégicos de la entidad, a los presidentes municipales y no se diga a la ciudadanía. El caso de Mireles y su detención por parte del gobierno federal, se enmarcó en un acto de autoritarismo político y de golpismo judicial, en medio de una descomposición social que acentúo el arrogante comisionado Alfredo Castillo, quien, además en su momento, fomentó los grupos de autodefensas.

El encarcelamiento de Mireles significó un movimiento estratégico para el gobierno federal. Un acto que determinó las formas torcidas, del cómo se operaría  el combate a los grupos delictivos en Michoacán. Las alianzas perniciosas tejidas por el propio Castillo con grupos de dudosa procedencia criminal, excluía de esta estrategia al doctor Mireles. La nueva encomienda del comisionado era la detención y encarcelamiento de Mireles.  Y que, además, al gobierno federal se legitimaba con el discurso legalista: Nadie por encima de la ley.

A casi tres años del encarcelamiento de José Manuel Mireles Valverde, la situación de Michoacán no es diametralmente diferente.  El origen de las autodefensas se da en un contexto de violencia social, azotada por la dominación de los territorios de los grupos de la delincuencia organizada. Por la absoluta indolencia gubernamental y la abierta permisibilidad para la operación delictiva por parte de civiles en las diversas regiones de la entidad. En los hechos, Mireles fue un preso político. Un personaje, con ciertos claros oscuros, que se enfrentó a la perversidad del régimen.

La liberación del doctor Mireles prueba que la administración de la justicia en México, se ejerció bajo consigna y con rudeza política. El caso Mireles deberá tomarse como un claro ejemplo de arbitrariedad judicial, donde los resortes institucionales del país, se amortiguan para castigar a quien incomode al régimen.  Para Michoacán Castillo es cosa del pasado, pero quien no olvidará el agravio y la injusticia está por alcanzar su libertad.