Reelección: un salto al vacío democrático

Publicado en Pública el martes 14, marzo, 2017

Isidro Galicia Ramos/Ágora Política

Ante el desencanto democrático propiciado por la ineficacia gubernamental y parlamentaria, los comicios federales y locales del 2018, tendrán un ingrediente adicional para la vida política de México: la reelección en los cargos de representación popular.

El 10 de febrero del 2014 se publicó el decreto de reforma en los artículos 29, 115 y 116 de la Constitución, que permite la reelección consecutiva de senadores y diputados al Congreso de la Unión, de presidentes municipales, síndicos y regidores, y de diputados a los congresos de los estados y a la ALDF.

Aún sin preverlo, dicha reforma no es garante para consolidar una cultura democrática en México, al contrario, fortalecerá el monopolio de los partidos políticos, reanimará los caciquismos regionales y permitirán la perpetuación de lealtades partidarias, más allá, que los candidatos se comprometan con sus electores para lograr una gestión de resultados.

Dentro de los riesgos que correrá la democracia mexicana, se encuentran las condiciones de inequidad financiera que todo aspirante deberá sortear, en caso, de competir con el alcalde o diputado que aspire a la reelección, y más aún, si el candidato está fuera del régimen de partidos.

Por ejemplo, los alcaldes en México y Michoacán, actúan de forma deliberada en materia de recursos públicos, en la asignación de la obra pública y en la distribución presupuestal de los ayuntamientos, es decir, el representante popular en funciones, en teoría, tendrá una serie de ventajas para alcanzar nuevamente la nominación al cargo por el cual compite.

Porque al sostener en materia financiera las estructuras electorales, las lealtades políticas a partir de gestiones sociales, económicas y materiales, los ediles y legisladores, tendrán la prerrogativa de competir en condiciones favorables y con amplias posibilidades de reelegirse.

Aunado a ello, en la actualidad los ayuntamientos del país, desatienden temas como la rendición de cuentas, políticas tangibles en materia de transparencia y rehúyen a la posibilidad de instituir las contralorías sociales, como parte de los mecanismos institucionales que fortalezcan la vida democrática en los asuntos públicos.

 El salto al vacío que representa la reforma electoral en materia de reelección y ante la debilitada democracia mexicana, los costos del continuismo en la representación popular, profundizará flagelos como la corrupción, la impunidad, así como la inequidad en la competencia electoral.

La incógnita, en cuanto a resultados, que representa la reforma constitucional en materia de reelección, inhabilitará la consecución de una democracia eficaz y mucho más participativa. El resultado lo veremos después de los comicios del 2018, sí la reelección permitirá la profesionalización de política o afianzará los vicios sistémicos del poder.